Adriana, de Rosario, y la pregunta que deja Messi: qué les contamos a los chicos cuando se va el capitán
La retirada de Lionel Messi de la selección argentina reabrió una conversación que dos autoras habían ordenado en un libro: cómo hablar con los hijos de perseverancia, error y equipo, sin convertir al diez en un santo.
A Adriana, que vive en Rosario y lleva a su hijo de nueve años a entrenar tres veces por semana, la noticia de la despedida de Lionel Messi de la selección argentina la encontró ordenando la mochila para el lunes. Me escribió para contarme que su nene le preguntó si el diez se iba a morir, y que ella no supo qué responderle. Desde el interior, esa escena se repite en muchas casas: no es solo una decisión deportiva, es el cierre de una referencia que durante dos décadas funcionó como relato familiar compartido.
Lo que me interesa de este momento es que alguien se tomó el trabajo de sistematizar la conversación antes de que ocurriera. Las autoras Verónica de Andrés y Florencia Andrés lo hicieron en ¡Messirve!, un libro de Ediciones B que usó la figura del rosarino como hilo conductor para hablar de valores que sirven fuera de la cancha. La idea no es endiosar al capitán sino tomar de su trayectoria lo que efectivamente dijo e hizo, y convertirlo en material para la mesa de la cocina.
Cuatro ejes para una charla que ya empezó
- Talento o disciplina: Messi dijo que el "éxito de la noche a la mañana" le llevó diecisiete años y ciento catorce días. La frase, sin épica, es la mejor forma de explicarle a un pibe que los resultados visibles tienen historia invisible.
- Relación con el error: el capitán no siempre jugó bien ni ganó siempre. El libro propone usar eso para discutir qué significa mejorar, no ser perfecto.
- Vínculo con la familia: el diez mencionó a su mujer, a sus hijos y a sus padres como anclas. La frase que eligió para sus viejos, no todo da igual, sirve como punto de partida para una conversación sobre límites y esfuerzo.
- El equipo: en varias entrevistas insistió en que sin sus compañeros no habría logrado nada. Para un chico que juega en equipo, o que trabaja en grupo, esa idea tiene peso concreto.
Hay un dato que pocas veces aparece en los grandes medios y que vale la pena poner sobre la mesa: mientras en la Ciudad de Buenos Aires y en las provincias del centro del país la cobertura del retiro fue inmediata y masiva, en varias provincias del norte argentino el acceso a debates sobre formación y valores ligados al deporte sigue dependiendo de los clubes barriales y de las escuelas, no de las campañas oficiales. Esa brecha regional importa cuando se piensa en qué les queda a los chicos que no tuvieron a Messi como conversación cotidiana en el colegio.
Leo a Messi en sus propias palabras y me queda una sensación que quiero compartir: el tipo que salió de Rosario siendo un nene flaco al que casi no lo deja entrar Barcelona terminó su etapa con la selección hablando de su familia, del grupo y del esfuerzo. No dijo nada grandilocuente. Esa es, justamente, la parte que sirve: que el aprendizaje no esté en el trofeo sino en cómo se llega hasta él.
Lo que el Estado y la empresa no dijeron en estas horas es lo que más se extraña. No hubo una campaña nacional para usar la despedida del capitán como excusa y abrir una discusión pública sobre educación emocional, esfuerzo o trabajo en equipo en las escuelas. Tampoco apareció una guía para familias, escrita en lenguaje llano y pensada para adultos que no saben cómo encarar el tema. Quedó el libro, las redes y la buena voluntad de cada casa. Mientras tanto, Adriana ya le explicó a su hijo que Messi no se muere, que se retira, y que lo que hizo durante años fue trabajar todos los días. Me dijo que el nene se quedó pensando. Desde el interior, creo que ese silencio también es parte de lo que Messi nos deja.
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