Bajar de peso no se resuelve solo con una dieta: por qué la mente puede ser la llave del tratamiento
La Organización Mundial de la Salud y un metaanálisis de 37 estudios coinciden en que la atención psicológica mejora los resultados en personas que buscan perder peso. El impacto de la genética, el descanso, el estrés y el entorno en la relación con la comida.
A Graciela, chaqueña de 47 años, le decían que el problema era de voluntad. Que coma menos y camine más, le repetían. Ella probó de todo: dietas estrictas, aplicaciones, grupos en el barrio. Bajaba cinco kilos, recuperaba siete. Hasta que un equipo de salud la miró de otra forma. Le preguntaron cómo dormía, qué le pasaba cuando se enojaba en el trabajo, si comía por hambre o por ansiedad. Ahí empezó a cambiar la historia. Desde el interior del país, donde la oferta de tratamientos integrales es más escasa que en la Ciudad de Buenos Aires, este cambio de mirada todavía es una excepción y no la regla.
Bajar de peso no depende solo de comer menos y moverse más. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden en la relación con la comida y en la posibilidad de mantener los cambios con el tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a pautas de alimentación y ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados se vuelven difíciles de sostener.
Qué dice la evidencia y qué recomiendan los organismos internacionales
La Organización Mundial de la Salud entiende la obesidad como el resultado de la interacción entre la susceptibilidad biológica de cada persona y las influencias ambientales y psicosociales que la rodean. Por eso recomienda un abordaje multimodal, que combine intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas según las necesidades de cada caso.
Un metaanálisis que revisó 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews.
Factores que pesan tanto como lo que se come
- La genética: ciertas variantes influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y otras intervienen en el metabolismo, en la forma en que el organismo usa y almacena energía. Eso explica por qué personas con planes alimentarios similares pueden obtener resultados muy distintos.
- El estado emocional y el cansancio: cuando el ánimo cae o el cuerpo pide descanso, se vuelve más difícil sostener decisiones vinculadas con la alimentación.
- La brecha regional: en varias provincias del norte y del sur argentino, el acceso a equipos interdisciplinarios con nutricionistas, psicólogos y médicos especializados es limitado, lo que reproduce desigualdades que la pandemia dejó más a la vista.
- La respuesta a un traspié: una reacción rígida frente a un episodio fuera del plan puede generar la sensación de haber perdido el control por completo, y derivar en comer de forma desinhibida. Una respuesta más flexible permite reconocer lo ocurrido sin sentir que el proceso terminó.
La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado, que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona. Lo que el sistema de salud y muchas empresas de medicina prepaga todavía no dicen en voz alta es que cubrir solo la consulta nutricional o el plan alimentario es mirar el problema por la ventana chica. Sin acceso a soporte psicológico sostenido, los tratamientos seguirán dejando a Graciela, y a miles como ella, a mitad de camino.
