Chacarita tiene un refugio sonoro donde el celular se queda en el bolsillo
En un galpón de 540 metros cuadrados de Roseti 93, Gonzalo Solimano armó un club de escucha analógica con parlantes de los años cincuenta. Este domingo, el ciclo cierra la octava edición porteña del festival MUTEK.
Lo conocí a Gonzalo Solimano una tarde cualquiera de Chacarita, en ese tramo de Roseti donde las casas bajas todavía le ganan al ruido. Tiene 46 años, nació en Villa Urquiza en 1979, y hace casi una década transformó un galpón de 540 metros cuadrados en Artlab, un espacio que va a contramano del consumo musical acelerado. La regla, apenas se cruza la puerta, es simple: el teléfono se guarda en el bolsillo.
La propuesta gira alrededor de una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954. Solimano cuenta que hay indicios de que los equipos salieron de un cine porteño emblemático, aunque todavía no pudo confirmar esa procedencia. Sea cual fuere el origen, lo cierto es que esos gabinotes de madera son los que definen el carácter del lugar: sonido analógico, cálido, sin compresión digital.
Dos ciclos para escuchar distinto
- Audiófilos: sesiones para escuchar un álbum completo, de principio a fin, en vinilo, CD o archivos sin pérdida. El repertorio va de Miles Davis a Pink Floyd, de Invisible a Massive Attack, y se elige el formato que mejor le rinde a cada obra.
- Círculo de Sonido: sesiones de house con Solimano y otros DJs en consola, para sostener la tradición bailable del género sin la lógica del boliche masivo.
Este domingo, Artlab recibe el cierre de la octava edición porteña del festival MUTEK, un encuentro nacido en Montreal en 2000 y que Solimano trajo al país en 2018. La grilla apunta a la música electrónica experimental, el arte audiovisual y cruces con nuevas tecnologías, con una escala muy distinta a la de los festivales comerciales del género.
“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, director de Artlab
Desde el interior, donde muchas veces la oferta cultural se reduce a lo que llega en gira, este tipo de espacios funcionan como una brújula. En la Argentina, según datos del Observatorio de la Industria Musical, el acceso a propuestas de escucha analógica y música experimental sigue concentrado en Buenos Aires, con presencia esporádica en Rosario, Córdoba y Mendoza. Esa brecha geográfica no es menor: mientras en la Ciudad conviven clubes de escucha, sellos independientes y festivales como MUTEK, en el resto del país el circuito es más frágil y depende, en gran parte, de que algún programador local se anime a sostenerlo en el tiempo.
Sobre la inteligencia artificial aplicada a la música, Solimano no esquiva el debate. Define a la herramienta como un asistente para investigar y simplificar procesos, pero traza un límite nítido: la obra tiene que seguir siendo del autor humano. La frase condensa una preocupación que recorre a buena parte de la escena local, donde productores y DJs temen que la automatización abarate el oficio y desplace a quienes todavía invierten años en formarse.
Artlab también abre sus puertas a ciclos de jazz y exposiciones de arte visual, aunque la electrónica en sus distintas variantes sigue siendo el eje. Para quien nunca fue, la dirección es Roseti 93, en Chacarita. Para quien sí fue, queda una pregunta incómoda que la propia lógica del lugar formula: ¿estamos dispuestos a escuchar un álbum entero, de corrido, sin mirar la pantalla, en una época que fragmentó la música en fragmentos de quince segundos?
Hay algo que ni Solimano ni los organizadores de MUTEK terminan de responder, y que vale la pena poner sobre la mesa: cómo se sostiene en el tiempo un espacio de estas características en un país con la inflación y la presión tributaria que tiene la Argentina cultural. La pregunta queda abierta, porque en la nota no se habló de sponsors, de apoyos públicos ni de la estructura económica que permite que un galpón de Chacarita funcione casi como un refugio sonoro en medio de la ciudad.
