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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cielos grises y vitamina D: por qué no hay que salir corriendo a comprar suplementos

Un especialista en medicina interna explicó quiénes deben controlarse y por qué la mayoría de los adultos sanos no necesita tomar cápsulas para enfrentar los días sin sol. Desde el interior, las advertencias clave sobre deficiencia, toxicidad y grupos de riesgo.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 1 h
Cielos grises y vitamina D: por qué no hay que salir corriendo a comprar suplementos

Marta tiene 58 años, vive en una localidad del sur de Santa Fe y lleva casi tres semanas viendo llover. Me escribe porque le dijeron que sin sol el cuerpo se queda sin vitamina D y ella ya compró un frasco en la farmacia. Antes de empezar a tomarlo, me pidió que consultara con un médico. Hice la consulta por ella, y la respuesta la dejó pensando: para una adulta sana como Marta, sin antecedentes ni factores de riesgo, no existe indicación de suplementar de manera preventiva. Los días nublados, incluso una racha larga como la que atraviesa el centro del país, no borran las reservas que el organismo viene acumulando desde la última exposición solar significativa.

Cómo se fabrica la vitamina D y por qué las nubes no la cancelan

La vitamina D se produce principalmente en la piel cuando recibe radiación ultravioleta B. También se incorpora a través de algunos alimentos, pero la síntesis cutánea es la fuente principal para la mayoría de las personas. Las nubes filtran parte de esa radiación, aunque no la eliminan por completo. Por eso, varios días consecutivos de lluvia o cielo tapado no implican necesariamente una caída significativa en los niveles de esta vitamina. A eso se suma que el organismo guarda reservas que le permiten sostener los valores durante períodos de menor exposición. La posibilidad de desarrollar una deficiencia depende de los niveles previos de cada persona, sus antecedentes médicos y sus condiciones de salud.

Ramiro Heredia, médico especialista en medicina interna de la Universidad de Buenos Aires, lo resumió con una frase tajante: los adultos sanos no deberían tomar suplementos sin indicación profesional. La advertencia no es un capricho. Cuando el cuerpo ya tiene niveles adecuados, sumar cápsulas de manera innecesaria puede traer consecuencias serias.

Quiénes sí tienen que mirar sus niveles

  • Adultos mayores.
  • Personas con obesidad.
  • Pacientes con enfermedad celíaca.
  • Personas que atravesaron cirugías bariátricas, internaciones o cuadros críticos.
  • Personas con antecedentes de osteoporosis o fracturas.

En esos casos, la decisión de pedir un análisis de sangre y definir un tratamiento depende de la evaluación médica. Quienes no pertenecen a esos grupos no necesitan, en principio, realizarse estudios ni consumir suplementos de manera preventiva.

El otro extremo: el exceso también enferma

El especialista insistió en un punto que suele quedar fuera de la conversación: la toxicidad por vitamina D es un riesgo real. Consumir cantidades elevadas puede elevar el calcio en sangre y dañar la función renal. El mensaje es directo: más no es mejor, y automedicarse puede terminar en una guardia.

Para qué sirve y dónde se consigue en la mesa

La vitamina D cumple un rol central en la absorción del calcio y el fósforo, minerales clave para los huesos. Su deficiencia puede causar osteomalacia en adultos, fragilidad ósea y mayor riesgo de fracturas. En niños, una carencia importante puede derivar en raquitismo. La vitamina también participa en el funcionamiento muscular y en la regulación del sistema inmunitario. En la alimentación, los huevos, el salmón, la caballa y los yogures fortificados son fuentes confiables. Aun así, cuando ya existe una deficiencia diagnosticada, la dieta sola suele no alcanzar para corregirla y hace falta una indicación médica.

Anímate a salir: la luz también regula el humor

Heredia también aclaró que existe un vínculo entre la falta de luz natural y los cambios de ánimo. Lo que no quedó dicho en la fuente que consultamos es a cuánto equivale, en términos prácticos, esa exposición: ni cuántos minutos al día, ni en qué horarios del invierno austral la radiación UVB pega con la intensidad suficiente como para que la piel la aproveche. Para los grupos de riesgo, la recomendación concreta debería llegar por escrito desde el médico de cabecera; para el resto, la mejor vitamina D sigue siendo el sol de todos los días, aunque venga filtrado entre nubes.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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