Cuando el recreo termina y la pesadilla sigue en el celular: pediatras argentinos describen un acoso escolar sin hora de cierre
Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría, firmado por ocho comités, advierte que el bullying y el ciberbullying se volvieron una misma continuidad y exige un trabajo conjunto de familias, escuelas y equipos de salud.
Cuando Mariana, una mamá de Neuquén, le revisó el celular a su hija de doce años, encontró lo que venía sospechando desde hacía semanas: una seguidilla de audios en un grupo de WhatsApp donde otras chicas del grado se burlaban de su forma de hablar, de su ropa y hasta de la letra de su nombre. Lo que empezó como cargadas en el patio de la escuela se había mudado, con horario extendido, al living de su casa. La chica ya no quería ir a la escuela, dormía mal y había empezado con dolores de panza recurrentes. La historia de Mariana no es un caso aislado ni mucho menos una excepción: es, casi palabra más palabra, la situación que describe un reciente documento de la Sociedad Argentina de Pediatría que pone el foco en cómo el acoso escolar dejó de tener un horario de cierre.
La SAP acaba de difundir un trabajo elaborado por ocho de sus comités y subcomisiones especializadas en el que advierte que el bullying y el ciberbullying dejaron de ser fenómenos separados. Una agresión que arranca en el aula puede continuar esa tarde por WhatsApp, escalar durante la noche en redes sociales y volver al chico al colegio a la mañana siguiente. El celular borró esa frontera que antes significaba, al menos, un rato de respiro dentro de la propia casa.
“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP
Qué formas toma el acoso digital según los pediatras
- Mensajes de odio, burlas y amenazas enviadas por aplicaciones de mensajería.
- Acecho y seguimiento de cuentas, con control constante de lo que la víctima publica.
- Votaciones o encuestas para humillar, un formato que suele aparecer en redes sociales y grupos cerrados.
- Perfiles falsos y suplantación de identidad para desprestigiar a la víctima.
- Difusión no consentida de información privada, fotos o videos.
- Exclusión deliberada de grupos de chat o de actividades digitales donde se mueve la clase.
- Manipulación de fotos, videos y memes, con un capítulo reciente ligado a herramientas de inteligencia artificial que editan y difunden contenidos alterados con un alcance muy superior al del aula.
El documento también pone un freno a una confusión muy frecuente: no toda pelea entre chicos es bullying. Para hablar de acoso escolar tienen que darse tres condiciones al mismo tiempo: intención de causar daño, repetición en el tiempo y un desequilibrio de poder que impide a quien lo sufre defenderse o terminar con la situación. Puede ser físico, verbal o relacional, y cuando se cruza al mundo digital se multiplica porque la publicación queda, se viraliza y muchas veces no se puede borrar.
La brecha regional y un mapa desparejo
Desde el interior se ve una dificultad extra que pocas veces se nombra: la brecha de acceso y de contención. En muchas provincias y localidades más chicas, los gabinetes psicopedagógicos escolares son escasos o directamente no existen, y los equipos de salud mental para adolescentes están desbordados o a varias horas de distancia. Eso significa que un chico que sufre ciberbullying en una ciudad mediana puede tardar meses en conseguir un turno con un profesional, mientras el acoso sigue entrando por la pantalla cada noche. La SAP pide que las políticas públicas contemplen esa asimetría y no apliquen recetas pensadas solo para grandes centros urbanos.
“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría
El cuadro clínico que describen los pediatras incluye desde dolores de cabeza y de panza recurrentes, trastornos del sueño, caída del rendimiento escolar, hasta ansiedad, aislamiento y depresión. También aparecen marcas en la autoestima que muchas veces sobreviven mucho después de que el acoso terminó. La SAP pide a las familias no minimizar lo que los chicos cuentan, aun cuando parezca "una pavada de chicos", y a las escuelas no naturalizar el maltrato como parte del crecimiento.
El llamado apunta a tres frentes: familias, escuelas y equipos de salud, con un objetivo común que es volver a poner un límite donde el celular lo borró. El documento deja en claro que la responsabilidad no puede recaer solo en la víctima ni solo en su casa, y reclama protocolos claros en las instituciones educativas y capacitación docente para detectar señales a tiempo. Lo que el Estado y, sobre todo, las empresas de tecnología todavía no dijeron es cómo van a colaborar de manera concreta para reducir el acoso en sus plataformas y para darles a las familias herramientas reales de protección, más allá de los ajustes manuales que cada usuario puede hacer encerrado en un menú. Mientras esa respuesta no llegue, la indicación de los pediatras es tan simple como difícil de cumplir: acompañar, escuchar y no dejar al chico solo con la pantalla encendida.
