Cuatro puentes de Alemania para armar una escapada en tren desde las grandes ciudades
Desde Erfurt, Kromlau, Bastei y Hunsrück, cuatro estructuras ofrecen alternativas para una salida corta: un puente con casas, un arco que sólo se mira desde la orilla, un paso de piedra sobre el Elba y una pasarela colgante a cien metros de altura. Las conexiones, los tiempos de viaje y qué conviene saber antes de elegir.
Erfurt, Kromlau, Bastei y Hunsrück concentran cuatro puentes que funcionan como excusa para escapadas de uno o dos días desde Berlín, Leipzig, Dresde o Frankfurt. La ciudad elegida como base cambia el recorrido: desde Leipzig se llega a Erfurt; desde Dresde se accede a las formaciones rocosas de Bastei; desde Frankfurt parte el viaje hacia Geierlay, y desde Berlín se combinan dos servicios ferroviarios para llegar al arco de Rakotz.
Un puente con viviendas en el centro de Erfurt
Para quienes prefieran un paseo urbano, el puente Krämer, también llamado de los Mercaderes, reúne 32 viviendas a lo largo de 125 metros. Tras varios incendios en su etapa de madera, fue reconstruido en piedra hacia 1325. El viaje en tren lleva unos 45 minutos desde Leipzig o una hora y 40 minutos desde Berlín. La salida puede incluir la Colina de la Catedral, la Ciudadela de Petersberg y el Monasterio de San Agustín, donde vivió Martín Lutero.
Bastei: piedra sobre el Elba
A 50 kilómetros de Dresde, el puente de Bastei tiene 76,5 metros de longitud y 40 metros de altura. La construcción actual, con siete arcos de piedra, reemplazó en 1851 a una pasarela de madera levantada en 1824. Desde sus miradores se observan la meseta de Lilienstein y la fortaleza de Königstein. El acceso desde Dresde requiere unos 40 minutos en el S-Bahn hasta Kurort Rathen y un cruce del Elba en ferry.
Geierlay: colgante a 100 metros
La alternativa de Geierlay exige combinar tren y colectivo desde Frankfurt durante unas tres horas, ya que Mörsdorf no cuenta con estación ferroviaria. En la región de Hunsrück, el puente colgante mide 360 metros de largo y se eleva a 100 metros. Terminado en 2015, tiene una pasarela de tablones de abeto Douglas y un diseño inspirado en los puentes colgantes de Nepal. El entorno también ofrece senderos para caminar.
Rakotz: para mirar, no para cruzar
En Kromlau, la visita se hace desde la orilla. Está prohibido atravesar el puente Rakotz por la fragilidad de su estructura. Su arco de basalto, construido en 1860, mide 20 metros y completa un círculo con su reflejo en el lago. El conjunto está dentro de un parque de 200 hectáreas. Desde Berlín, el trayecto comprende dos horas de tren hasta Weißwasser, con transbordo en Cottbus, y otros 20 minutos en el ferrocarril de trocha angosta Waldeisenbahn Muskau.
- Erfurt, puente Krämer: base en Leipzig o Berlín, 45 minutos o 1 hora 40.
- Bastei: base en Dresde, 40 minutos en S-Bahn y cruce del Elba en ferry.
- Geierlay: base en Frankfurt, unas 3 horas combinando tren y colectivo.
- Rakotz: base en Berlín, 2 horas de tren a Weißwasser y 20 minutos en trocha angosta.
Antes de elegir conviene revisar dos datos. Primero, el estado del clima: los puentes de piedra y la pasarela colgante pierden atractivo con lluvia o niebla espesa. Segundo, los tiempos de conexión: Bastei y Rakotz dependen de trasbordos que pueden sumar entre 40 minutos y dos horas al viaje, mientras que Krämer y Geierlay requieren menos cambios pero más horas totales en ruta.
