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Jueves, 15 de octubre de 2026
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De la huerta al rociador: las recetas caseras que el INTA recomienda para defender el jardín sin químicos

Con la primavera, los hongos avanzan; en el verano, pulgones, ácaros y mosca blanca. Desde el interior, una guía para preparar purines y macerados con ortiga, ajo, cáscaras de naranja y cebolla, según las indicaciones del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 39 min
De la huerta al rociador: las recetas caseras que el INTA recomienda para defender el jardín sin químicos

Gladys vive en Villa Ángela, Chaco, y todas las primaveras se enfrenta al mismo dilema: los pulgones le comen los rosales antes de que alcancen a florecer. Como muchos vecinos de su pueblo, durante años sólo encontró dos caminos: el veneno que viene en sachet de la agronomía o resignarse a perder la planta. Hasta que una técnica del INTA le pasó, en una charla de barrio, la receta del purín de ortiga. Hoy la prepara en un tacho plástico en el patio y la aplica cada quince días. "No es magia, pero los pulgones ya no me ganan la pulseada", dice mientras revuelve el líquido verdoso que fermenta al fondo de la galería.

Dos plagas, dos estaciones

La primavera y el verano no mueven el mismo tablero en el jardín. Cuando el calor y la humedad coinciden aparecen los hongos; cuando el ambiente se vuelve más seco y hay más frutos a disposición, el protagonismo pasa a los insectos y los ácaros. Esa diferencia no es menor: define qué preparado conviene preparar y en qué momento del año aplicarlo.

  • Purín fermentado de ortiga: un kilo de ortiga fresca (o entre 100 y 200 gramos si está seca) en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de usarlo, se diluye en la misma cantidad de agua. Sirve contra pulgones y hongos y, de yapa, aporta nutrientes al suelo. Conviene manipular la planta con guantes.
  • Macerado concentrado de ajo con alcohol: una cabeza entera de ajo licuada, medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se guarda siete días en la heladera, se filtra y, al momento de aplicarlo, se diluyen 100 mililitros por litro de agua con un poco de jabón blanco neutro como adherente. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos.
  • Cáscara de naranja hervida: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos. Sirve para pulgones y cochinillas.
  • Cebolla en reposo: dos o tres cebollas medianas se dejan en agua hirviente hasta 48 horas. El líquido resultante se aplica contra pulgones y hongos.
  • Infusión de ruda y salvia: en partes iguales, sin fermentación. Funciona como repelente de pulgones.

Antes de ponerse el delantal hay tres reglas que el INTA repite hasta el cansancio. Primera: los recipientes tienen que ser de plástico, vidrio o cerámica, nunca metálicos, porque pueden liberar elementos tóxicos para la planta. Segunda: los macerados se preparan en un lugar ventilado y sin luz solar directa, dos condiciones que hacen la diferencia entre un preparado que fermenta bien y uno que se pudre. Tercera: hay que colar muy bien el líquido antes de cargarlo en el rociador, porque cualquier resto sólido termina tapando la boquilla a la mitad de la tarde.

En el norte argentino el problema pega distinto que en la zona central. La región del NEA, con primaveras más cálidas y húmedas, suele ser la primera donde aparecen los focos de pulgón sobre tomate, pimiento y plantas ornamentales; el AMBA, en cambio, ve aparecer antes los ácaros en los meses más secos, sobre todo en jazmines y en rosales. Esa brecha climática es la que explica por qué una misma receta puede funcionar muy bien en Misiones y pasar sin pena ni gloria en Buenos Aires: lo que sobra en una provincia falta en otra.

Los preparados caseros no son una solución mágica. El propio INTA aclara que no reemplazan a los productos químicos cuando el ataque ya es severo, pero sí funcionan como prevención y en los primeros estadios del problema. Para Gladys, en el Chaco, eso alcanza: cada año espera la primera flor del rosal como quien espera un amigo. Lo que más rescata no es haber dejado de comprar agroquímicos, sino haber entendido que, con tiempo y un poco de paciencia, el patio se puede defender solo.

Lo que el INTA no suele decir en sus manuales es lo que se escucha en las huertas familiares del interior: que estas recetas también cambian la relación con la planta. Dejar de tratarla como un objeto a fumigar y empezar a prepararle un cuidado casero, con sus tiempos de macerado y sus diluciones, vuelve al jardinero un poco más atento. En definitiva, no es sólo la ortiga la que protege al jardín: es la decisión de mirarlo todos los días.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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