Del interior a la consulta: las dudas que más le hacen a la pediatra del pueblo
En el Día Nacional de la Pediatría, una recorrida por las preguntas que llegan al consultorio: fiebre, golpes, selectividad alimentaria, pantallas y bullying. Lo que las familias preguntan y lo que el sistema de salud todavía no responde con equidad.
Graciela tiene 34 años y vive en Villa Ángela, en el centro chaqueño. La semana pasada llevó a su hija de cuatro a la guardia del hospital público más cercano después de cuarenta y dos grados de fiebre que no bajaban con el ibuprofeno que tenía en el botiquín. La nena estaba decaída, con la mirada perdida, y no quiso tomar agua en todo el día. La atendieron a los cuarenta minutos, le hicieron un examen clínico y la mandaron a casa con un cuadro viral. Lo que más la angustió no fue la espera, dice, sino no haber sabido antes qué hacer. Desde el interior del país, las consultas pediátricas más frecuentes suelen llegar tarde, cuando los padres ya recorrieron tres farmacias y dos grupos de WhatsApp antes de sentarse frente al profesional.
El 20 de octubre se conmemora en Argentina el Día Nacional de la Pediatría, en recuerdo de la fundación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), ocurrida en 1911. Es una de las sociedades pediátricas más antiguas del mundo: la Société Française de Pédiatrie se creó en 1929 y la American Academy of Pediatrics en 1930. La fecha fue instituida oficialmente en 1973, durante un Congreso Mundial de Pediatría realizado en el país. La disciplina, que va de los primeros días de vida hasta la adolescencia, articula el seguimiento del niño sano con el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad. En las provincias, esa doble tarea recae muchas veces sobre un solo profesional que atiende en guardias saturadas y en consultorios sin especialistas de respaldo.
Fiebre, golpes, tos: lo que siempre preocupa
La fiebre sigue siendo la reina de las consultas. Los pediatras remarcan un punto central: lo que importa no es el número del termómetro, sino el estado general del chico y la causa del cuadro. En bebés pequeños, o cuando aparecen decaimiento, dificultad para respirar, llanto inconsolable o manchas en la piel, la atención tiene que ser inmediata. Lo mismo vale para los golpes en la cabeza: pérdida de conocimiento, vómitos reiterados, dolor intenso, alteraciones de la conducta o somnolencia fuera de lo habitual son banderas rojas que no admiten espera. En la Argentina existe una brecha notoria por región: mientras en la Ciudad de Buenos Aires la distancia media a una guardia pediátrica especializada es de pocas cuadras, en provincias como Formosa, Chaco o Santiago del Estero las familias pueden viajar más de cien kilómetros para acceder a un centro con tomógrafo y pediatras de guardia las veinticuatro horas.
La tos y los vómitos suman otra capa de riesgo. La SAP advierte que la automedicación puede ser peligrosa, sobre todo cuando se combinan productos con principios activos similares. Ibuprofeno y paracetamol juntos sin indicación médica, jarabes mal dosificados por peso, o el uso repetido de anticinetóticos son escenas que se repiten en las guardias del interior, donde la distancia al especialista empuja a probar de todo en casa.
No come nada: la frase que atraviesa generaciones
La selectividad alimentaria es otra de las consultas que más creció en los últimos años. El apetito varía con la edad, con el crecimiento y con el estado emocional del chico. Graciela lo vive con su hijo de dos años, que rechaza la verdura y solo acepta pollo con puré. La pregunta que se hace, como tantas madres del interior, es si eso es una fase o un problema que requiere intervención. Los pediatras insisten en que la consulta profesional es la que distingue una etapa pasajera de un cuadro que necesita un plan concreto, sobre todo en contextos de pobreza donde la variedad de alimentos no siempre está garantizada.
Pantallas, sueño y bullying
El uso de pantallas se instaló con fuerza en el consultorio pediátrico, junto con el descanso, el juego y las rutinas del hogar. Pero la alerta de la SAP va más allá: el bullying y el ciberbullying pueden continuar fuera de la escuela, a través de chats, redes sociales y videojuegos, y se manifiestan con cansancio, dolor abdominal, alteraciones del sueño o cambios de humor. La entidad distingue el acoso de un conflicto aislado por tres rasgos: la intención de causar daño, la repetición en el tiempo y la asimetría de poder entre quien agrede y quien recibe la agresión.
En el norte argentino, donde el acceso a conectividad todavía muestra una brecha considerable entre provincias y entre cabeceras y parajes rurales, la pediatra suele ser la primera —y a veces la única— persona adulta fuera de la familia a la que un chico puede contarle lo que le pasa. Por eso, cada consulta se vuelve un termómetro social además de clínico. Lo que el Estado no termina de decir con claridad es cómo va a garantizar que esa escucha esté disponible en cada pueblo: faltan pediatras en el interior profundo, faltan equipos de salud mental infantil en los hospitales públicos, y faltan campañas sostenidas para que las familias sepan, sin tener que googlearlo a las tres de la mañana, cuándo un síntoma se resuelve en casa y cuándo necesita un profesional ya. La empresa de tecnología, mientras tanto, tampoco dice cómo va a proteger a los menores en plataformas donde el acoso viaja más rápido que cualquier guardia.
