El cuerpo recuerda: el ejercicio deja huella aunque uno deje de moverse
Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign muestra que músculos e hígado conservan marcas del entrenamiento previo y que volver a entrenar después de una pausa no significa empezar de cero. La advertencia de los especialistas, las enzimas que aparecen en el hígado y la pregunta que todavía no tiene respuesta.
Lo vi en el consultorio de un kinesiólogo de Paraná y me quedó dando vueltas. Clara tenía 47 años, tres hijos, y había corrido sus primeros diez kilómetros a los 41. Después vino una operación de menisco, un embarazo y dos años de pandemia. Cuando volvió a calzarse las zapatillas, me dijo algo que repiten decenas de pacientes en el interior: «Sentí que había perdido todo». Pero esa sensación, según un trabajo reciente de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, no cuenta la historia completa: el cuerpo guarda memoria del ejercicio aunque se haya dejado de entrenar.
Los investigadores Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang analizaron qué ocurre en músculos e hígado antes, durante y después de una pausa en la actividad física. Su estudio, publicado en 2025 en la revista American Journal of Physiology-Cell Physiology, incluyó animales entrenados durante cuatro a ocho semanas, luego dejados en reposo y finalmente reentrenados. Al compararlos con otros que nunca habían hecho ejercicio, apareció una diferencia concreta: los que tenían experiencia previa desarrollaron fibras musculares más grandes al retomar la actividad y aprovecharon mejor la energía disponible frente al esfuerzo.
El hígado como socio silencioso
El hallazgo muscular se completa con un segundo trabajo, publicado en 2026 en Molecular Metabolism, que detectó una mayor presencia de carboxilesterasas hepáticas tanto en ratones como en personas que retomaron el entrenamiento después de una pausa. Se trata de enzimas que descomponen las grasas en sangre para que el músculo las use como combustible. En criollo: el hígado parece haber aprendido a coordinar mejor su entrega de energía con el músculo que está volviendo a moverse.
- Fibras musculares más grandes al retomar la rutina respecto de quien nunca entrenó.
- Mejor aprovechamiento de la energía disponible durante el esfuerzo.
- Mayor presencia de carboxilesterasas hepáticas, enzimas que preparan grasas como combustible.
- Una coordinación entre hígado y músculo que se activa más rápido después de la pausa.
“La idea de que las células guardan memoria no es nueva: las neuronas lo hacen con sus conexiones y el sistema inmunitario recuerda agentes que ya enfrentó. Lo llamativo es que ahora se suma el músculo, el hígado, la piel y el tejido adiposo.”Diego Hernandez-Saavedra, investigador de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign
Lo que la pausa sí se lleva
Ahora bien, memoria celular no es licencia para quedarse quieto. Tras varias semanas sin actividad, disminuyen la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del organismo a la insulina. Quienes vivimos desde el interior lo vivimos a diario: en ciudades chicas, donde el trabajo rural, los turnos largos y la falta de gimnasios vuelven la pausa algo casi natural, esa caída se nota más rápido y cuesta más revertirla. La recomendación oficial sigue siendo moverse con regularidad, porque el cuerpo recuerda, pero no es eterno.
Hay algo que el paper no dice y que a mí, como periodista que sigue de cerca estos temas, me parece la pregunta más importante: cuánto dura esa memoria y bajo qué condiciones se borra. Los propios autores aclaran que todavía no se sabe con precisión cuánto tiempo se conserva esa información ni cómo se guarda dentro de la célula. Es decir, sabemos que el cuerpo recuerda. No sabemos todavía hasta cuándo.
