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El guiso de chipirones que se cocina mientras charlás por WhatsApp

Un plato de cuchara con chipirones, gambones y judías verdes que se resuelve en media hora, sin harina ni espesantes: el truco está en chascar las patatas y saltear el calamar antes de sumarlo al caldo.

Por Delfina IbarraGaming y cultura digital · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Te confieso algo: cada vez que veo una receta que dice «lista en treinta minutos» sospecho. Porque en la traducción real, treinta minutos significa cuarenta y cinco, más la limpieza de la cocina, más el rato que tardás en encontrar la tapa de la olla. Pero este guiso de chipirones con patatas es de los pocos casos donde la promesa se cumple. Y encima queda bien.

El truco está en chascar, no en cortar

La diferencia la hacen dos decisiones. La primera: chascar las patatas en lugar de cortarlas en cubos prolijos. Chascar es eso de iniciar el corte con el cuchillo y terminar de romper el trozo con la mano, como si fueras un cavernario orgulloso de su (perdón, de su técnica). Esa superficie irregular libera almidón al caldo y lo espesa solo, sin harina ni maicena ni ningún otro parche.

La segunda: saltear los chipirones primero, antes de que entren las patatas y el sofrito. Apenas un par de minutos, hasta que cambien de color. Después, el conjunto se deja a fuego medio unos cinco minutos antes de agregar el caldo. Ese paso previo es el que evita que las patatas te queden crudas en el centro mientras el exterior ya se está desintegrando, que es la frustración clásica de todo guiso mal planificado.

  • Chascar las patatas, no cortarlas en cubos perfectos: el almidón espesa el caldo.
  • Saltear los chipirones solos dos minutos antes de sumarlos al resto.
  • Cubrir con caldo de pescado y cocinar a fuego lento quince minutos.
  • Agregar gambones pelados y judías verdes cocidas solo al final, fuera del fuego.
  • Reposar tapado unos minutos: las patatas retienen calor y los sabores se asientan.

El gambón se pela y se suma a la olla en el último momento, junto con las judías verdes ya cocidas y cortadas en tiras. Apagás el fuego, tapás y dejás reposar. Esto no es decoración: las patatas guardan mucho calor y el reposo cumple una función real, integrar sabores sin resecar el pescado.

Cómo comerlo (spoiler: las dos formas están bien)

En la mesa hay dos lecturas y las dos son válidas. La primera: cuchara honda, abundante caldo, pan al costado para hacer barra. La segunda: aplastás las patatas con el tenedor, las mezclás con el fondo y convertís todo en algo más espeso, casi una salsa densa. Yo me confieso de la segunda escuela, pero no voy a pelear con nadie (bueno, un poco).

Como plato único funciona perfecto. Si querés armar un menú sin pasarte de rosca, un entrante liviano alcanza: unos mejillones al vapor o una ensalada breve. Nada más, que el guiso ya tiene personalidad propia.

Puntaje: 8 sobre 10. Económico, saciante, sin técnica compleja y con el bonus de poder presumir que cocinás con almidón natural en lugar de espesantes industriales. Vale la pena, sobre todo si te cruzaste toda la vida cortando patatas como si te fuera la vida en el borde recto.

DI
Delfina IbarraGaming y cultura digital

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