Lunes, 31 de agosto de 2026
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El plan de Bill Gates para ponerle un techo global a la inteligencia artificial

El cofundador de Microsoft imagina un organismo supranacional con poder de auditoría, al estilo de los regímenes nucleares o la aviación civil, y empuja una cumbre con Xi Jinping para que China se sume.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · 31 de agosto de 2026 · hace 1 h

Me acuerdo de la primera vez que Bill Gates apareció en mi radar como algo más que el tipo de Windows: fue leyendo sobre su fundación y sus vacunas, allá por los dos mil, cuando todavía era una rareza que un magnate de la computación se metiera en temas de salud global. Casi treinta años después, lo vuelvo a cruzar, pero ahora empujando una idea mucho más ambiciosa y, a la vez, mucho más inquietante: crear un organismo internacional que supervise el desarrollo de la inteligencia artificial, con la misma lógica con la que el mundo aprendió a controlar las armas nucleares, los aviones comerciales o los gases que agujereaban la capa de ozono. Es la propuesta que Gates difundió esta semana en un documento propio y que, según mi lectura, marca un punto de inflexión en su manera de pensar la tecnología.

Una arquitectura copiada de tres modelos que ya funcionan

El plan es concreto en su espíritu, aunque todavía difuso en su forma. Gates no dijo si el nuevo organismo debería nacer de cero o si convendría ampliar una institución ya existente, como la Organización de Aviación Civil Internacional o la Agencia Internacional de Energía Atómica. Lo que sí dejó claro es que la pieza central de cualquier arquitectura tiene que ser la cooperación entre Washington y Beijing, sin la cual, a su entender, el resto del mundo no se sumaría. Por eso su equipo trabaja para cerrar un encuentro con el presidente chino Xi Jinping, previsto de manera provisoria para noviembre, aunque todavía sin confirmación oficial. La apuesta, en sus propias palabras, es que si Estados Unidos toma la delantera en imponer restricciones a ciertos sistemas peligrosos, el mundo entero la va a acompañar.

Piensenlo como si la cocina de una casa fuera el planeta: durante años cada país cocinó con su propia hornalla, sin reglas comunes, y el riesgo de un incendio global fue creciendo. Lo que Gates propone es algo así como instalar una especie de detector de humo interestatal, con poder de entrar a revisar las hornallas más riesgosas. Concretamente, la futura arquitectura regulatoria debería prestar especial atención a los modelos de IA capaces de diseñar moléculas o de facilitar ataques biológicos, una capacidad que, según el propio Gates, no equivale a frenar industrias enteras: la vigilancia podría limitarse a los usos de mayor riesgo, sin bloquear aplicaciones médicas o científicas.

Los límites que Gates quiere ponerles a las propias empresas

  • Un impuesto sobre los ingresos de las compañías que reemplacen trabajadores con resultados generados por IA, destinado a financiar redes de protección social.
  • Reservar hasta un 40 por ciento de los puestos de trabajo actuales para personas, en sectores donde el vínculo humano sea considerado irreemplazable. Gates puso como ejemplo el trato que recibió el propio padre durante su enfermedad de Alzheimer.
  • Dejar en claro que la autorregulación no alcanza. En esa línea fue textual: es positivo que algunas empresas de IA estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso.

Lo que me queda dando vueltas, mientras termino de escribir esta nota con la pava sonando a mi lado, es que Gates eligió aparecer justo cuando varios de los principales laboratorios del mundo están definiendo sus propios códigos de conducta. Es como si el inventor del software más usado del planeta hubiera entendido que, esta vez, la cocina no se puede regular a puerta cerrada: o se hace entre todos, con reglas tan serias como las de un reactor nuclear, o el riesgo se nos escapa de las manos. La cita con Xi en noviembre, si se confirma, va a ser la primera prueba de fuego de una idea que todavía es un borrador pero que ya cambió la conversación.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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