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Sábado, 10 de octubre de 2026
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En el pueblo de Beatriz, una dentadura postiza termina siendo casi una cuestión de memoria

Una revisión de catorce estudios vuelve a poner el foco en lo que pasa en la boca de los adultos mayores: perder más de un diente aparece asociado a un salto cercano al cincuenta por ciento en el riesgo de deterioro cognitivo y a más posibilidades de un diagnóstico de demencia. La buena noticia es que la mayoría de los males se previenen con controles y hábitos cotidianos.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 1 h
En el pueblo de Beatriz, una dentadura postiza termina siendo casi una cuestión de memoria

Beatriz tiene setenta y dos años, vive en un pueblo del interior de Córdoba y hace tres meses camina cuatro cuadras para tomarse el colectivo que la deja en el hospital público más cercano. Lo que la llevó hasta ahí no fue un dolor agudo, sino unadentadura cada vez más floja que la obliga a almorzar en silencio cuando la invitan a comer en lo de sus hijos. Ella misma lo cuenta como si fuera un dato menor: "Ya ni me río como antes, porque me da vergüenza que se me caiga el trozo de pan que estoy masticando". Su historia es la de mucha gente grande en la Argentina: adultos y adultas mayores que llegan a la consulta odontológica tarde, con piezas perdidas, encías inflamadas y, muchas veces, sin saber que la boca les está hablando del resto del cuerpo.

En el último tiempo la evidencia sobre ese vínculo se acumuló. Una revisión de catorce estudios publicada en JAMDA, la revista de la Asociación Americana de Medicina Dirigida a Cuidados de Larga Duración, cruzó datos de adultos mayores y encontró que quienes habían perdido más de un diente tenían cerca de un cincuenta por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y un veintiocho por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los autores aclararon que se trata de una asociación estadística y no de una relación causa-efecto comprobada, y que en el medio pesan otros factores: inflamación prolongada, alimentación, acceso al odontólogo y enfermedades previas.

La brecha entre el interior y los grandes centros

Desde el interior, la diferencia de acceso se nota en cada pueblo. En las provincias del NEA, como Chaco y Formosa, y en varias localidades de Cuyo, los centros públicos de odontología suelen tener un solo profesional para miles de afiliados, mientras que en la ciudad de Buenos Aires la oferta de consultas y de prótesis es varias veces mayor. Beatriz, que no tiene obra social, paga cada consulta con lo que junta de su jubilación mínima, y cuando le preguntaron por qué no fue antes al dentista respondió con una frase que se escucha en cualquier pueblo chico: "Es que no tengo con quién dejar al marido, y el turno me lo dan para el día que no hay remise".

Cuando la encía inflamada viaja al corazón

La inflamación de encías, lo que técnicamente se llama gingivitis, no se queda en la boca. Distintos estudios la vincularon con enfermedades cardiovasculares, con obstrucciones en los vasos sanguíneos y con accidentes cerebrovasculares. Tampoco en estos casos se comprobó causalidad directa, pero la coincidencia es lo suficientemente fuerte como para que las guías internacionales recomienden incluir al odontólogo dentro del seguimiento médico habitual. Cuando la gingivitis no se trata, puede bajar hacia los tejidos que sostienen los dientes y transformarse en periodontitis, una afección que en etapas avanzadas provoca la pérdida de piezas y que, en los cuadros más graves, termina en cirugías y prótesis que el sistema público cubre parcialmente.

Otras molestias que parecen menores y no lo son

  • Sensibilidad dental: aparece cuando la encía se retrae y deja la raíz al descubierto, o cuando hay bruxismo, el hábito de apretar o rechinar los dientes mientras se duerme. Para el bruxismo, una férula nocturna hecha a medida reduce la presión sobre las piezas.
  • Boca seca: se produce cuando hay menos saliva, y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir los sabores. Es un efecto secundario habitual de varios medicamentos muy usados en adultos mayores y aparece asociada a diabetes, accidente cerebrovascular, alzhéimer y algunas enfermedades autoinmunes.
  • Dificultad para hablar o reírse: la falta de piezas hace que mucha gente evite reuniones, sobremesas o fotos familiares, lo que profundiza el aislamiento en la vejez.

Qué recomienda Harvard y qué queda pendiente

La guía de Harvard Health Publishing sobre salud bucal en adultos mayores insiste en un punteo básico pero muchas veces postergado: cepillarse los dientes con pasta con flúor por lo menos dos veces por día, limpiar entre los dientes con hilo o con cepillos interdentales, controlar la diabetes si la hay, dejar el cigarrillo y concurrir al dentista aunque no duela. Pero hay algo que la guía no dice y que en la Argentina pesa tanto como la pasta dental: cuál es el plan del Estado nacional y de las provincias para llevar atención odontológica regular a los pueblos chicos. Ni el Ministerio de Salud de la Nación ni la Superintendencia de Servicios de Salud comunicaron, en los últimos meses, un programa específico para reducir la pérdida de piezas en adultos mayores afiliados al sistema público, y las prepagas más grandes tampoco difundieron datos sobre cuántos cubiertos tienen hechas sus prótesis completas o parciales. Mientras esa información no aparezca, Beatriz seguirá esperando el remise.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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