Fletcher tenía 17 años, se rompió dos vértebras en una bici de montaña y armó una vuelta al mundo en silla de ruedas con su amigo de la escuela
El joven quedó parapléjico, pero junto a Lachie Bennett recorrió Europa, Asia, África y América del Sur durante tres meses. Subieron al Gran Buda cargándolo en la espalda, hicieron buceo con tiburones en Sudáfrica y se hospedaron en una granja de ovejas en Francia.
Me acuerdo de la primera vez que escuché esta historia: fue en una reunión con gente del interior, una provincia chica del norte, donde una mujer llamada Marcela me dijo que su hijo, que está en silla de ruedas, le había mandado un video desde Hong Kong. En la imagen se veía a un pibe de mi país subido a los hombros de su amigo, los dos riéndose, con un templo budista de fondo. Esa imagen me quedó dando vueltas, y por eso quise escribir esta nota.
Fletcher Crowley tenía 17 años cuando un accidente en bicicleta de montaña le fracturó dos vértebras y lo dejó parapléjico. Hoy puede ponerse de pie y dar algunos pasos, pero el esfuerzo lo agota casi de inmediato. Esa limitación no le cambió los planes: junto a su amigo Lachie Bennett, terapeuta en un centro de rehabilitación para personas con lesiones medulares, completó un viaje de tres meses por cuatro continentes que parecen sacados de una película.
Una amistad que nació en un turno nocturno
Los dos se conocieron en el colegio, pero perdieron contacto durante años. Se reencontraron trabajando en el mismo centro de recuperación, donde Lachie atiende a personas con lesiones en la médula espinal. Fue en una cena de turno nocturno cuando la charla se hizo profunda. Ahí descubrieron que compartían la música, la moda, las ganas de conocer gente nueva y algo más íntimo: los dos habían pasado por episodios de ansiedad y habían aprendido a transitarlos. Esa coincidencia les dio una base de entendimiento que va bastante más allá de los gustos en común.
Y acá aparece un detalle que me parece clave, mirado desde el interior del país: la brecha de acceso a este tipo de centros de rehabilitación no es pareja. En las provincias chicas, conseguir un turno con un terapeuta especializado en lesión medular puede llevar meses o directamente no existir. Fletcher tuvo la suerte de caer en ese centro; en gran parte del mapa argentino, esa puerta no se abre con la misma facilidad.
La vuelta al mundo que arrancó por una oferta de último momento
El viaje grande arrancó casi por casualidad. Iban a escapar dos semanas, apareció una oferta de pasajes con múltiples escalas, la compraron sin pensarlo demasiado y el itinerario terminó incluyendo Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica, todo en apenas tres meses.
“El mundo no es accesible, nosotros lo somos.”Fletcher Crowley
La logística no siempre fue sencilla. Algunos destinos directamente no estaban preparados, y hubo que improvisar: cambiar de ruta o terminar con Lachie cargando a Fletcher a upa. "Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione", reconocieron.
Al principio financiaron la aventura con ahorros propios. Cuando empezaron a subir videos a las redes, la respuesta fue tan grande que una campaña de micromecenaggio les dio margen para ser más espontáneos. También resolvieron gran parte del alojamiento gracias a la solidaridad de desconocidos. El lema que eligieron resume la filosofía: "El mundo no es accesible, nosotros lo somos".
Antes de cerrar, una reflexión que me cuesta callarme: cada vez que una historia así recorre el mundo, siempre queda flotando la misma pregunta que el Estado no termina de responder. Si dos jóvenes pudieron organizar esta travesía con esfuerzo, ahorros y la buena voluntad de extraños, qué distinta sería la vida cotidiana de miles de personas con discapacidad en la Argentina si existiera una política pública seria de accesibilidad turística, urbana y de rehabilitación en cada provincia. La aventura de Fletcher y Lachie emociona, inspira y abre los ojos. Pero también expone, con nombre y apellido, todo lo que todavía no se hizo.
