La neumonía que empieza sin tos ni fiebre: cómo reconocerla a tiempo en el interior del país
El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas pueden anticipar a los síntomas clásicos. Especialistas remarcan que la falta de fiebre no descarta la infección y que los adultos mayores son los más expuestos a cuadros silenciosos.
Soy Malena Aguirre y esta semana quiero contarles la historia de Rosa, una jubilada de 68 años de Villa María, Córdoba, que llegó a la guardia del hospital Pasteur con un cuadro que ella misma describía como "un cansancio que no se me iba". No tenía tos. Tampoco fiebre. Lo que sí tenía era una respiración agitada, náuseas y una confusión que su hija notó esa misma mañana. Le diagnosticaron neumonía. La sorpresa fue que, como en tantos casos del interior, los síntomas que todos esperamos no siempre aparecen primero.
La neumonía es una infección que inflama los alvéolos pulmonares y los llena de líquido o pus, lo que dificulta el paso de oxígeno al organismo. Puede ser bacteriana, como las provocadas por el Streptococcus pneumoniae o el Mycoplasma pneumoniae, o viral, cuando deriva de una gripe o un cuadro de covid-19. También existen formas fúngicas, menos frecuentes. La evolución depende del agente, la edad y el estado de salud previo.
Las señales que llegan antes que la tos y la fiebre
El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, lo explica con una claridad que vale la pena repetir: "la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos". Y agrega que, aunque la tos es casi universal, "algunas personas no tienen mucha fiebre".
En el consultorio del barrio San Vicente de La Plata, la médica clínica Inés Ledesma me confirmó lo mismo: "Acá en el centro de la provincia vemos seguido adultos mayores que llegan derivados por desorientación o somnolencia, y la placa termina mostrando una neumonía que nunca tosió". Esa confusión repentina, la somnolencia excesiva y la desorientación son, según las guías médicas, motivo de consulta inmediata en mayores de 65 años.
- Fatiga profunda y malestar general, que aparece días antes que la tos.
- Respiración acelerada o sensación de falta de aire al hablar.
- Latidos rápidos y presión arterial baja, que el paciente percibe como debilidad.
- Náuseas, falta de apetito y, en algunos casos, diarrea.
- Confusión, somnolencia o desorientación, sobre todo en adultos mayores.
- Fiebre ausente o incluso temperatura por debajo de lo normal en mayores de 65 o personas con defensas bajas.
Hay un dato de brecha que siempre me golpea cuando investigo desde el interior: en las provincias del Noroeste y la Patagonia, la mortalidad por neumonía supera la media nacional, según los registros del Ministerio de Salud. La distancia a los centros de alta complejidad, la falta de vacunas antineumocócicas al día y el acceso limitado a consultas tempranas hacen que un cuadro que empieza con un cansancio anodino termine en terapia intensiva.
Los grupos con mayor riesgo de complicaciones son los bebés, los niños pequeños, los adultos mayores, los fumadores y quienes viven con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o reciben tratamientos que bajan las defensas. Entre las complicaciones posibles están la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, bacterias en sangre, abscesos pulmonares e insuficiencia respiratoria que puede requerir internación.
Cuándo consultar y qué dejó sin decir el sistema
Conviene ir al médico si la tos persiste varios días y empeora, si aparece dolor en el pecho al respirar, si los síntomas vuelven después de una mejoría inicial o si la fiebre se mantiene en 39 grados o más. También, y esto es clave, si hay cambios en el estado mental de un adulto mayor.
Mientras tanto, lo que el sistema de salud pública y las obras sociales provinciales no están comunicando con suficiente claridad es que la neumonía del adulto mayor suele ser atípica y que la ausencia de fiebre no es un dato tranquilizador. Rosa, la jubilada de Villa María, se recuperó después de diez días de internación. Su hija me dijo, con la voz todavía temblorosa, que de no haber insistido en la guardia quizá la historia hubiera sido otra. A veces, reconocer un cansancio que no se explica salva una vida.
