La serie animada de Sherlock Holmes que casi firma entera Miyazaki (y no pudo)
Veintiséis capítulos, perros detectives y vapor steampunk: la producción ítalo-japonesa de 1984 que el maestro dejó a medias para volar hacia Nausicaä.
Empiezo con un dato que duele: Miyazaki dirigió seis de veintiséis. Ni la mitad. Pero sin él, esta serie no existiría (algo es algo). Sherlock Holmes, la serie animada de 1984, es una de esas joyitas raras que mezclan Japón, Italia y un perro con pipa.
La producción fue un trabajo a cuatro manos entre el estudio japonés TMS y la italiana RAI. La idea original la empujaron Hayao Miyazaki y Kyosuke Mikuriya. El problema: Miyazaki se empecinó con Nausicaä del Valle del Viento y tuvo que soltar las riendas del detective para meterse de lleno con la princesa del viento. Por eso su firma aparece asociada a la serie, aunque no haya dirigido más que seis capítulos.
Perros con gabardina y estética a vapor
Acá viene lo raro: casi todos los personajes son perros antropomorfos. Una decisión visual que apuntó al público chico, aunque el viejo Miyazaki quería algo más adulto (clásico). El detective Holmes, el doctor Watson, Moriarty: todos canes con comportamientos humanos, corriendo aventuras entre avionetas, carreras de autos y máquinas a vapor que le dan a la serie un perfume steampunk bien marcado.
- Estreno: 1984, en coproducción entre TMS (Japón) y RAI (Italia).
- Capítulos: 26 en total, de los cuales Miyazaki dirigió 6.
- Cambio estético: los personajes son perros con rasgos humanos.
- Décadas después: ya había adaptado Heidi, Marco, Ana de las Tejas Verdes y Lupin III.
Para el Miyazaki de la época no era ninguna rareza meterse con Occidente. Venía de adaptar Heidi, El perro de Flandes, Marco y Ana de las Tejas Verdes para el World Masterpiece Theatre. Había dirigido Lupin III con Isao Takahata y se había sacado solo con Conan, el niño del futuro y El castillo de Cagliostro. O sea: meter a Holmes en un dibujo animado era una más en una carrera llena de idas y vueltas entre lo local y lo foráneo.
¿Vale la pena o no vale la pena?
Vale la pena. Es rara, breve y se nota el ADN del Miyazaki de los ochenta en cada plano con vapor. Si te copa Conan Doyle, te va a copar esta vuelta de tuerca. Si te copa Miyazaki, querés ver qué hizo antes de volverse el maestro total. Y si te copan los dos, directamente es obligatoria.
