Las cinco esquinas del planeta donde la vida se estira, y por qué
Fe, caminatas casi sin darse cuenta, comida que sale de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana: las claves que comparten las comunidades más longevas del mundo, según el cardiólogo Jorge Tartaglione. Un recorrido desde Loma Linda hasta Okinawa, con la genética explicando apenas un cuarto del asunto.
Desde el interior, cada vez que un informe habla de longevidad me gusta empezar por una persona concreta, porque las cifras sin rostro no dicen mucho. Imagínense a Marta, una jubilada de 58 años que vive en un pueblo chico de Santiago del Estero y que se levanta todos los días a las seis para tomar mate en la vereda. Esa escena, tan nuestra, es justamente la que el cardiólogo Jorge Tartaglione puso en el centro de la escena cuando habló de los cinco lugares del mundo donde la gente vive más y mejor.
Tartaglione repasó Loma Linda, en California; la zona azul de Costa Rica; la isla griega de Icaria; Cerdeña, en Italia, y Okinawa, en Japón. Lo que buscó, y lo que encontró, no fue una pócima mágica ni un suplemento caro: fue un patrón de hábitos que cualquier persona puede empezar a copiar mañana a la mañana.
La genética explica poco: el 25 por ciento
El dato que más me hizo ruido es uno que el médico repite cada vez que puede: la herencia explica apenas el 25 por ciento de cuánto vivimos. El 75 por ciento restante queda en nuestras manos. Quienes tienen entre 55 y 56 años, según dijo, tienen una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad si adoptan ciertos hábitos a tiempo. No mañana: ahora.
- Loma Linda, California: una comunidad mayoritariamente religiosa, donde la fe se traduce en hasta diez años más de expectativa de vida respecto de la media.
- Costa Rica: frutas tropicales a diario y un ritmo de vida tranquilo, con buena parte de la población superando los 80 años.
- Icaria, Grecia: una geografía de subidas y bajadas que obliga a caminar durante toda la jornada, sin necesidad de gimnasio.
- Cerdeña, Italia: una cocina basada en lo que da la tierra, sin ultraprocesados ni conservantes.
- Okinawa, Japón: un propósito diario, por pequeño que sea, que le da estructura a la jornada.
“Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre. Eso es lo que hay que volver a poner en la mesa.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
El detalle argentino: la brecha entre regiones
Hay un dato que nunca puede faltar cuando hablamos de salud en la Argentina, y que a mí, como Malena Aguirre de Trabajo y educación digital, me toca de cerca: la brecha por región. Mientras en las grandes ciudades el acceso a alimentos frescos, caminatas seguras y vínculos sociales es relativamente sencillo, en muchas localidades del norte argentino la realidad es otra. Merenderos que reemplazan comedores, rutas donde caminar es un riesgo y adultos mayores que viven solos porque los hijos migraron a centros urbanos. Lo que para Marta en Santiago del Estero debería ser un derecho, en una ciudad como Buenos Aires parece un hábito: elegir una manzana en vez de una galletita industrial.
Tartaglione describió el propósito diario con una imagen que me sacó una sonrisa: tomar un mate con una amiga, salir a caminar, sacar al perro. En Okinawa, dijo, hay personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música. No es hacer algo enorme: es tener un motivo para que el día tenga sentido.
El patrón que cruza a las cinco comunidades es tan simple como difícil de sostener en la vida moderna: movimiento cotidiano, comida poco procesada, vínculos activos y una motivación que organice la jornada. Ninguno de esos hábitos requiere plata extra ni condiciones excepcionales, y sin embargo la mayoría los esquivamos.
Lo que el Estado y las empresas de alimentos ultraprocesados no dicen es algo que Tartaglione tampoco dejó pasar: mientras nos recomiendan porciones chicas y apps para contar pasos, la industria sigue llenando góndolas de productos que viajan de la fábrica al paquete sin pasar por la tierra. La longevidad de Loma Linda, Icaria u Okinawa no se fabrica en una planta: se cultiva en una huerta, en una plaza, en una mesa compartida. Y eso, desde el interior, lo entendemos mejor que nadie.
Te puede interesar
