Otro día perdido se convirtió en diván: Rolón terminó mediando entre Pergolini, Botto y Rada
Lo que arrancó como entrevista terminó en sesión de reclamos cruzados con humor: confusión de nombres, unfollow en Instagram y un beso que nunca llega.
Acá vengo a confesar algo: si alguna vez te imaginaste cómo sería una terapia grupal entre compañeros de un programa de streaming, este capítulo de Otro día perdido te queda a mano. Porque la visita de Gabriel Rolón, que en cualquier otro contexto sería una entrevista sobria sobre su último libro o sobre la salud mental de los argentinos, terminó convertida en una sesión de reclamos cruzados entre Mario Pergolini, Evelyn Botto y Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada. Y el psicoanalista, lejos de ordenar la charla, se subió al juego.
El consultorio ambulante se arma en la mesa del programa
Todo arrancó con una disputa menor pero reveladora: los asientos. Rada le cedió su lugar a Rolón para que se ubicara entre él y Botto, y ese pequeño movimiento geográfico fue suficiente para que Pergolini levantara una ceja y para que empezaran a caer los planteos.
- Botto preguntó cuánto tiempo más iban a tratarla como la nueva del grupo después de un año de trabajo compartido, y reveló que Pergolini a veces la llama Layla. El conductor se excusó diciendo que le cuesta recordar los nombres; ella no le compró la explicación.
- La locutora sumó otro detalle de la convivencia: dijo que su compañero no suele saludarla con un beso. Rolón terció con una observación clínica sobre las distintas formas de expresar afecto, y de paso señaló que Rada tampoco es de los que van con el beso.
- Rada, mientras tanto, eligió un frente de conflicto más millennial: contó que Pergolini lo dejó de seguir en Instagram y que hasta se lo anunció en persona. Para el humorista, tenerlo entre sus seguidores tenía valor simbólico, casi como una tarjeta de presentación. Pergolini justificó la decisión argumentando que las publicaciones frecuentes de su compañero le resultaban aburridas. Rada retrucó que pudo haber silenciado la cuenta sin hacer un papelón.
Rolón escuchó, preguntó, tiró alguna intervención sobre cómo un simple unfollow puede leerse como un mensaje en la relación entre dos personas, y dejó que la cosa fluyera. Llegó a preguntarle a Pergolini si lo que tenía enfrente era un grupo de gente que tenía que seguir trabajando junta, como quien tantea el diagnóstico antes de recetar algo.
Después, Rada cerró con un último reproche en tono cómico sobre el trato que recibe y las actividades que le tocan, y Pergolini, entre risas, dio por terminada la dinámica y retomó la entrevista que había quedado colgada desde el primer asiento cambiado. ¿Qué lugar tiene el humor en la convivencia laboral? Esta vez, el consultorio lo manejaron ellos y el psicoanalista miró desde el sillón de al lado.
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