Peces de la UBA que comen larvas de mosquito: ya llegaron a más de 20.000 familias de todo el país
La Facultad de Agronomía entrega gratis "madrecitas de agua", dos especies nativas que devoran hasta 100 larvas de Aedes aegypti por día. Una estrategia simple, barata y federal para los reservorios donde el repelente y el fumigador no alcanzan.
Lo conocí a Juan Carlos una mañana de enero, en un barrio del conurbano bonaerense. Tenía el patio lleno de baldes, el bebedero del perro y un tanque de obra que se llenaba con cada tormenta. Me dijo, casi resignado, que ya había tirado lavandina, había dado vuelta los recipientes y hasta había pagado la fumigación municipal, pero que los huevos del mosquito seguían apareciendo. Cuando le conté que en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) regalan peces nativos que se comen las larvas del Aedes aegypti, me miró como si le estuviera tomando el pelo. Hoy tiene una decena de Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas como "madrecitas de agua", nadando en sus reservorios. Y por primera vez en tres veranos, no tuvo que tirar ni una gota de químico.
Un arma pequeña, nativa y muy hambrienta
Las dos especies que trabaja la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA son autóctonas del Plata: miden apenas unos centímetros, se reproducen con facilidad y, lo más importante, están acostumbradas a vivir en ambientes chicos. Eso las vuelve ideales para piletas, estanques, baldes y bebederos donde las técnicas tradicionales de control resultan poco prácticas. Cada ejemplar adulto puede consumir hasta 100 larvas de mosquito por día, una cifra que cambia la ecuación en los reservorios domésticos que sostienen la transmisión del dengue.
"Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad", me explicó Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto. La coordinadora, Ana Paula Baldonedo, fue más al hueso: "Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico", resumió.
Más de 20.000 ejemplares y una brecha que asoma
- El programa lleva entregados más de 20.000 peces entre 2024 y 2025, en el marco de UBANEX y junto a la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO).
- La iniciativa fue declarada de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires, pero las solicitudes llegan de casi todas las provincias: la demanda del AMBA explica la mayor parte de las entregas, mientras que el NEA y el NOA aparecen como las regiones que más golpeadas vienen siendo por el dengue y, a la vez, las que menos veces consiguen los peces por la distancia con el centro de distribución.
- Cualquier vecino, escuela u organización comunitaria puede pedir los ejemplares de forma gratuita a la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA.
Por qué este método importa en la Argentina de hoy
La temporada 2023-2024 dejó en el país más de 580.000 casos confirmados de dengue y 419 muertes, la cifra más alta registrada hasta ahora en el país. Frente a ese escenario, el planteo de la FAUBA es práctico: "Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo", sostuvo López. El propio equipo aclara que los peces no reemplazan al descacharreo, al repelente ni a la fumigación, sino que los suman. Es una pieza más del manejo integrado, especialmente útil allí donde el Estado llega tarde o llega mal.
Desde el interior, lo que más me interesa de esta historia no es el dato técnico, sino la lógica: un recurso nativo, criado en una universidad pública, distribuido gratis, que vuelve a la casa de familias como la de Juan Carlos. Funciona porque es simple. Y porque, cuando el mosquito aprende a sobrevivir en medio balde del fondo, la respuesta también tiene que poder criarse en un balde.
Lo que falta decir
Hay algo que ni la UBA ni la Ciudad de Buenos Aires comunicaron con claridad: cómo se sostiene la producción de miles de peces en el tiempo, qué presupuesto universitario se necesita y, sobre todo, cómo se garantiza que esa misma solución llegue a las provincias del NEA y el NOA, donde el dengue golpea más fuerte y donde la brecha con el AMBA se mide también en larvas que nadie se está comiendo. La pregunta queda abierta y, por ahora, sin respuesta oficial.
