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Respirar también se entrena: la técnica que ayuda al cuerpo a tolerar mejor el esfuerzo

El trabajo de la musculatura inspiratoria puede mejorar el rendimiento cardiovascular y recuperar movilidad en un tórax limitado por las horas frente al escritorio.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 26 de agosto de 2026 · hace 52 min

Domingo Sánchez, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y máster en Actividad Física y Salud, explica desde el interior del problema una verdad a menudo pasada por alto: los músculos que permiten respirar también se fatigan y pueden entrenarse. Durante el ejercicio intenso o prolongado, el cuerpo prioriza el envío de sangre hacia los grupos que producen el movimiento. Así, los músculos respiratorios reciben menos oxígeno en términos relativos, se cansan antes y pueden hacer más pesada una actividad que parecía accesible.

El diafragma, ubicado bajo las costillas, cumple un papel central en la inspiración. Si pierde eficiencia, la sensación de agotamiento aparece antes y el rendimiento cae. Sánchez señala que fortalecer de manera específica los músculos inspiratorios mejora la economía del esfuerzo en personas que realizan actividad física cardiovascular, es decir, la capacidad de desarrollar una tarea con un costo fisiológico menor.

Evidencia promisoria, todavía con límites

Una revisión sistemática publicada en 2026 en BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation encontró indicios favorables sobre la fuerza de los músculos inspiratorios en deportistas de equipo. Los propios autores aclararon que la evidencia todavía es limitada y que hacen falta estudios con muestras más amplias. El resultado alcanza para orientar la práctica, pero no para instalar conclusiones definitivas.

En los contextos regionales, la evidencia disponible no permite comparar resultados por provincia ni establecer una brecha de rendimiento entre regiones. La respuesta del cuerpo depende de cada persona, su estado físico, sus hábitos y las particularidades de su entrenamiento, y no de un mapa uniforme de resultados.

El costo de estar sentados

El sedentarismo agrede el mismo mecanismo desde otro frente. Las horas de escritorio y las posturas encorvadas favorecen un desequilibrio conocido como síndrome cruzado: se acortan los músculos del cuello, el pecho y la cadera, mientras sus opuestos se debilitan. Esa combinación tira el cuerpo hacia adelante, rigidiza el tórax y dificulta la mecánica respiratoria.

Según Mayo Clinic, un tórax comprimido por la inactividad prolongada reduce el volumen de aire disponible en cada respiración. Con el tiempo, la limitación puede sentirse como falta de aire, cansancio y menor tolerancia al esfuerzo.

Una práctica breve y cotidiana

La respiración abdominal es la herramienta más accesible para empezar. La técnica consiste en expandir el vientre al inhalar mientras el pecho permanece relativamente quieto. Para comprobarlo, se puede apoyar una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen, y observar cuál se mueve primero.

  • Practicar de tres a cuatro veces por día.
  • Realizar cada serie respiratoria durante cinco a diez minutos.
  • Observar si el abdomen se expande antes que el pecho.
  • Mantener la constancia para evaluar cambios en el esfuerzo y la tolerancia a la actividad.

La propuesta es simple, pero no por eso menor: respirar bien también se entrena. Para quien pasa gran parte del día sentado, recuperar el movimiento del diafragma puede ser una forma concreta de volver a sentir que el cuerpo acompaña. La Cleveland Clinic recomienda esta frecuencia, aunque la nota no informa qué empresa, institución estatal o programa público dejó de decir algo al respecto.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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