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Martes, 20 de octubre de 2026
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Safari le pone un freno al correo que espía: qué cambia para los usuarios argentinos desde septiembre

La actualización del navegador de Apple impide que empresas publicitarias conviertan direcciones de mail en identificadores para seguir a una persona a lo largo de distintos sitios.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · · hace 1 h
Safari le pone un freno al correo que espía: qué cambia para los usuarios argentinos desde septiembre

Erica fue la ingeniera de Apple que tuvo la idea mientras revisaba los registros de tráfico de Safari una madrugada de julio, y la prueba piloto pasó a producción en la actualización de septiembre de 2026: el navegador dejó de contestarles a los servicios que transforman una dirección de correo electrónico en un código único, esa huella invisible que permite reconocer a la misma persona en páginas que no se conocen entre sí, sin cookies ni archivos guardados en el teléfono o la computadora.

Cómo funciona el truco del correo

Piénsenlo así: cuando uno escribe su mail para suscribirse a un newsletter, el formulario manda una copia a un tercero. Ese tercero, que puede estar sentado en un servidor de cualquier parte del mundo, le pone un sello invisible al mail —un hash, lo llaman los técnicos— y a partir de ahí cada vez que la misma dirección aparece en otro sitio, la reconoce. Como la dirección de mail dura años y se usa desde el celular, la tablet y la compu, el seguimiento se vuelve casi imposible de borrar, salvo que uno cambie de cuenta. Apple decidió que eso se terminaba.

A quiénes alcanza la medida

  • LiveRamp, ID5, UID 2.0, Permutive y Audigent fueron las primeras compañías señaladas en el bloqueo.
  • La restricción alcanza a iPhone, iPad, Mac y Vision Pro por igual.
  • Safari bloquea la dirección completa del servicio, así que cambiar el formato del envío no sirve como atajo.
  • Cerrar sesión o darse de baja de un newsletter no elimina el identificador ya creado: el correo y el código siguen en manos del tercero.

La movida reaviva una pelea de seis años: en 2020 Safari ya había limitado las cookies de terceros, y parte de la industria publicitaria migró hacia los identificadores por correo como reemplazo. Apple sostiene que ese reemplazo era peor que la cookie original, porque un mail vive mucho más que una galletita y se usa en muchos dispositivos a la vez. La compañía dejó una puerta abierta para los medios: un sitio puede recomendarle artículos a sus propios suscriptores usando datos propios, pero no puede pasárselos a una empresa externa que los cruce con la actividad del lector en otros portales.

El impacto económico ya empezó a moverse: Criteo, una de las grandes plataformas de publicidad digital, les confirmó a sus inversores que el cambio en Safari le pega de lleno en su facturación. Lo que viene, según me cuentan los investigadores que siguen el tema, es una pulseada entre navegadores y publicistas por ver quién define las reglas del seguimiento en la próxima década. Mientras tanto, para el usuario de a pie —el que abre el mail, se suscribe a un newsletter y después se pregunta cómo apareció un aviso del producto exacto que vio ayer en otra página— la diferencia es concreta: iniciar sesión con el correo ya no alimenta, al menos en Safari, ese perfil compartido que viajaba por toda la web.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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