Terapia acuática: por qué el agua se convirtió en aliada de la rehabilitación y a qué pacientes les cambia la rutina
La hidroterapia trabaja fuerza, equilibrio y marcha en un entorno que reduce el peso del cuerpo. Especialistas detallan qué condiciones se benefician y cómo se organizan los programas.
Mirta, de Mendoza, arrastraba desde hace tres años una rigidez en la rodilla que ni los analgésicos ni las caminatas livianas lograban destrabar. Hasta que su traumatólogo le propuso algo poco habitual para una mujer de su edad y sus hábitos: meterse en una pileta bajo las órdenes de un fisioterapeuta. No fue a nadar. Fue a rehabilitarse. Lo que encontró en el agua fue algo que las paredes de un consultorio jamás le habían ofrecido: moverse sin que el cuerpo le pidiera tregua. Esa experiencia resume, en clave cotidiana, qué es y para qué sirve la terapia acuática, una modalidad de rehabilitación que crece en los centros de kinesiología del interior del país.
La hidroterapia es una forma de rehabilitación que se realiza en piletas de poca profundidad, bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales. No exige saber nadar ni tiene nada que ver con una rutina deportiva tradicional: cada sesión se diseña a partir de una evaluación individual y se adapta al estado de salud, la condición física y los objetivos de quien se sumerge. En el interior, donde el acceso a gimnasios especializados es desigual, varios centros de salud pública y obras sociales provinciales empezaron a incorporarla a sus prestaciones.
Por qué el agua modifica todo
El agua no es un escenario pasivo sino un entorno terapéutico con cuatro propiedades clave. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso. Eso permite ejecutar ejercicios que resultarían dolorosos o directamente imposibles sobre una superficie firme, algo que cambia la vida de quienes conviven con dolor crónico.
La resistencia del agua ofrece un trabajo muscular sin necesidad de pesas ni máquinas: el medio acuático presenta hasta setecientas veces más resistencia que el aire. A la vez, la presión hidrostática puede colaborar en la disminución de la hinchazón de tejidos blandos, y la temperatura templada del agua favorece la relajación muscular. El combo resulta particularmente útil para los adultos mayores del interior, que muchas veces llegan a la consulta con varias patologías acumuladas y poca tolerancia al ejercicio en tierra.
“La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, describió la modalidad como fisioterapia con el aporte de la ingravidez: señaló que el trabajo en pileta puede emplearse para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia ejercicios en tierra.”Jenea Smith, Universidad de Missouri
- Patologías articulares: artritis, dolor crónico, lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar.
- Procesos previos o posteriores a cirugías ortopédicas.
- Trastornos específicos: fibromialgia, hernias discales, estenosis espinal y osteoartritis.
- Condiciones neurológicas: enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular.
Una sesión típica combina movimientos de movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha. Los programas suelen organizarse en ciclos de dos a ocho sesiones, con objetivos que se van ajustando a medida que la persona responde. Para muchos pacientes del interior, donde conseguir turnos regulares con un especialista puede demandar viajes largos, este formato corto y focalizado resulta más viable que un tratamiento prolongado.
En un país donde la oferta de rehabilitación varía según la región y la cobertura, este tipo de terapias suele quedar fuera del menú básico de las prepagas más económicas, y son los propios pacientes quienes terminan costeándolas de su bolsillo. Lo que el sistema de salud, tanto público como privado, no suele explicitar con claridad es bajo qué criterios clínicos y con qué frecuencia conviene renovar los ciclos, ni cuánto depende cada caso de la continuidad del tratamiento. Y esa información, para alguien como Mirta, termina pesando tanto como la molestia en la rodilla.
