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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Tomarse la presión, ese trámite que salva vidas y que casi nadie cumple

En la Argentina, más de un tercio de los adultos convive con hipertensión y casi cuatro de cada diez ni siquiera lo sabe. La medición periódica aparece como la herramienta más simple y más postergada para evitar infartos y ACV.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 1 h
Tomarse la presión, ese trámite que salva vidas y que casi nadie cumple

Desde el interior del país, conozco a María, una chaqueña de 52 años que llegó a la guardia de un hospital público con un fuerte dolor de cabeza. Terminó internada con una presión de 180 sobre 110. Hasta ese día, jamás se la había medido. Su historia, que se repite en miles de pueblos y ciudades de la Argentina, retrata lo que esconden los números: según el Registro Nacional de Hipertensión Arterial, el 36,3% de los adultos mayores de 18 años tiene la presión elevada, es decir, cerca de 12 millones de personas, y casi cuatro de cada diez lo ignora.

Una enfermedad que avanza en silencio

La hipertensión suele desarrollarse sin síntomas visibles. Por eso, esperar a que aparezca alguna señal es, en la práctica, dejar que el problema avance sin detección. El segundo informe mundial sobre hipertensión arterial de la Organización Mundial de la Salud, publicado en 2025, dimensiona el fenómeno: 1.400 millones de adultos viven con presión elevada en el planeta y solo uno de cada cinco la tiene controlada. La Argentina no es la excepción: entre quienes ya están bajo tratamiento, apenas alrededor del 44% mantiene sus valores dentro de los rangos recomendados.

El dato asusta, pero también ordena: medirse la presión de forma periódica es un procedimiento sencillo, indoloro y rápido, al alcance de cualquier centro de salud o farmacia. Su verdadera utilidad está en identificar el problema antes de que el cuerpo lo padezca en forma de infarto o accidente cerebrovascular.

  • Reducir el consumo de sal en las comidas cotidianas.
  • Sostener una alimentación equilibrada, con frutas, verduras y legumbres.
  • Realizar actividad física de manera regular, incluso caminatas de 30 minutos.
  • Atender el estrés crónico, con descansos y controles médicos periódicos.
  • Medirse la presión al menos una vez al año, aunque no haya molestias.

La brecha entre regiones, un dato que pesa

Cuando se cruza la información por regiones, la foto se vuelve más injusta. En el NOA y en el NEA, la prevalencia de hipertensión supera la media nacional y el acceso a controles periódicos se ve limitado por la distancia a los centros de salud y por la falta de equipos de medición en algunas localidades. En Cuyo y en la Patagonia, en cambio, la detección temprana es más frecuente, aunque el seguimiento del tratamiento sigue siendo débil. La conclusión es directa: la posibilidad de saber si la presión está alta depende, en buena medida, del código postal.

Con el paso de los años, la presión elevada deteriora las arterias y compromete órganos vitales. El corazón, el cerebro, los riñones y la vista pagan las consecuencias de un descontrol que pudo haberse detectado a tiempo con un tensiómetro y diez minutos en una farmacia o en un centro de salud.

Lo que el Estado y las empresas de salud todavía no dicen

Las campañas públicas de medición gratuita de presión arterial son escasas, dispersas y, en muchos casos, sólo aparecen en fechas puntuales. Las obras sociales y las prepagas cubren los tratamientos farmacológicos, pero pocas promueven controles preventivos sostenidos en el tiempo ni facilitan el acceso domiciliario a un tensiómetro. Mientras tanto, miles de personas como María transitan su vida sin saber que conviven con un factor de riesgo que, detectado a tiempo, se controla. Queda flotando una pregunta incómoda: si la hipertensión afecta a más de un tercio de los adultos argentinos, ¿por qué el Estado y las empresas de salud no garantizan que cada persona mayor de 18 años pueda medirse la presión al menos una vez al año?

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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