Un escritor incómodo en la Cuba que cambió para siempre
La película de Tomás Gutiérrez Alea vuelve a poner en escena a Sergio, el personaje que se queda sin entender por qué, en medio de una revolución que no le pertenece.
(Si jugaste alguna vez a un título donde el personaje se queda solo en un pueblo mientras todos se van, esta es la versión adulta y cubana del asunto). Memorias del subdesarrollo, escrita y dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, sigue a Sergio, un escritor que elige quedarse en Cuba cuando su familia parte a Miami. No lo mueve una idea: lo mueve el hastío.
Mientras la Revolución Cubana avanza a su alrededor, Sergio arma y desarma vínculos sentimentales. No busca compañía: busca moldear a las mujeres que se le cruzan, en su apariencia y hasta en sus lecturas. En esa pulsión queda retratado entero.
Pasado, presente y archivo
El relato no va de punta a punta. Alea mezcla saltos al pasado con imágenes de archivo de noticiarios, entre ellas registros de la Crisis de los Misiles. Así, lo íntimo del protagonista convive con hechos que lo superan y la historia privada se vuelve historia colectiva.
Esa combinación define a la película como una pieza del Tercer Cine, la corriente latinoamericana que enfrentó al modelo de Hollywood con búsquedas estéticas atentas a los conflictos sociales y políticos. Cámaras y celuloide más baratos les dieron margen creativo, y el cine cubano fue parte central de ese movimiento.
Sirve para revisitar un personaje que se mira cambiar sin cambiar. Vale la pena, sobre todo si te interesa el cruce entre política, vida cotidiana y archivo.
