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Un Malbec mendocino escrito con una sola finca rompió la hegemonía francesa y se coronó como el mejor tinto del mundo

El Huentala Calizo Albar Block 06 2023, elaborado con uvas de un único viñedo de 130 hectáreas en Gualtallary, se llevó el premio mayor en el International Wine Challenge de Londres. Es la primera vez que una botella argentina alcanza esa categoría, que durante cinco años seguidos quedó en manos de productores galos.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · · hace 54 min
Un Malbec mendocino escrito con una sola finca rompió la hegemonía francesa y se coronó como el mejor tinto del mundo

Confieso que cuando me enteré de la noticia todavía estaba con la taza de café a medio terminar y la pantalla del teléfono llena de mensajes de colegas que no podían creer lo que estaban leyendo. Lo resumo así, en una línea que a mí me hubiera gustado escuchar de entrada: un Malbec de Gualtallary, hecho en un solo viñedo de 130 hectáreas, acaba de ser elegido el mejor vino tinto del mundo en uno de los certámenes más exigentes que existen. Detrás de esa botella hay una historia que empieza mucho antes de la copa y que, créanme, vale la pena conocer.

Un negocio familiar que arrancó en una crisis

Julio Camsen es un empresario mendocino que a fines de los años 90 decidió sentarse en una escuela de sommelier para entender de verdad lo que su familia venía haciendo desde hacía generaciones. Su familia cosechaba uvas en El Algarrobal, en Las Heras, y las vendía a otros productores. Eran, como él mismo suele contar, los que ponían la materia prima pero no se quedaban con el nombre en la etiqueta. En 2002, cuando Argentina se caía a pedazos con la crisis del final de la convertibilidad, Julio hizo algo que en ese momento parecía de osado o de loco: compró un campo en Gualtallary, en el corazón del Valle de Uco. Las primeras plantas se plantaron en octubre de 2010, la primera cosecha fue en 2013 y la comercialización arrancó recién en 2016. Hoy, apenas una década después de empezar a vender, esa misma finca acaba de ganarle a Francia en su propia casa.

El premio se llama Champion Red Wine y se entregó en el International Wine Challenge de Londres, un concurso donde los jueces catan a ciegas durante semanas y donde los puntajes no se regalan. En los últimos cinco años, todos los ganadores de esa categoría habían sido vinos franceses. Esta vez, el jurado -que incluye Masters of Wine, enólogos y sommelier de varios países- eligió al Huentala Calizo Albar Block 06 2023, el mismo Malbec del que les estoy hablando, como el mejor tinto del mundo según el concurso. Es la primera vez que una botella argentina llega tan alto en esa competencia.

Por qué Gualtallary es casi una excepción

Traten de imaginárselo como si fuera la cocina de una casa: Gualtallary es ese rincón donde el horno está siempre un poco más caliente que el resto, la mesada es de una piedra especial y la ventana deja entrar una brisa que no entra en ningún otro ambiente de la casa. Está a unos 1.300 metros de altura sobre el nivel del mar, los suelos son calcáreos -de ahí lo de Calizo en el nombre del vino- y el agua baja desde la Cordillera de los Andes filtrándose por piedra caliza antes de llegar a las raíces. Eso le da a las uvas una frescura y una tensión que pocos lugares del mundo pueden conseguir. La bodega no tiene planes de expandirse a otros campos: produce todo lo que hace con esa única finca, lo que obliga a ser muy preciso en cada decisión, desde la poda hasta el momento de la cosecha.

  • Una sola finca de 130 hectáreas, sin planes de sumar otros campos.
  • Mantenimiento anual de unos 5.000 dólares por hectárea.
  • Inversión acumulada en finca, bodega, equipamiento y restaurante cercana a los 15 millones de dólares desde los inicios.
  • Exportación a 24 países en apenas diez años de comercialización.
  • Línea de acceso Sombrero y Gran Sombrero, también elaborada con uvas de Gualtallary y el Valle de Uco, disponible en supermercados. Gran Sombrero obtuvo 96 puntos en el mismo concurso.

Después de hablar con gente del sector y de cruzar varios cables, lo que me queda dando vueltas es algo que va más allá del número en un diploma. A ese hombre que en 2002 apostó por un pedazo de tierra hostil mientras el país se hundía, hoy le están entregando en Londres el reconocimiento más codiciado del vino tinto. Y lo logra con una sola finca, con la misma uva que cualquier bodega mendocina puede plantar, pero trabajada con una obsesión que, por lo visto, los jueces supieron reconocer. Lo que sigue, según me cuentan, es seguir cuidando lo que tienen: no piensan en expandirse, sino en que cada cosecha cuente tanto como esta. Habrá que ver qué tal les va con la próxima.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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