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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Un tobillo, un lago y una hora y media: así fue el rescate del turista accidentado en el sendero al Bosque de los Arrayanes

Un visitante se lesionó a diez kilómetros del acceso, no pudo seguir caminando y fue evacuado en lancha por el Nahuel Huapi. Prefectura, Parques y el grupo de rescate local trabajaron juntos hasta dejarlo en el hospital de Villa La Angostura.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · · hace 2 h
Un tobillo, un lago y una hora y media: así fue el rescate del turista accidentado en el sendero al Bosque de los Arrayanes

Yo estaba siguiendo el parte de Prefectura cuando me llegó la confirmación: el sábado, cerca de las tres y media de la tarde, un turista que venía bajando por el sendero al Bosque de los Arrayanes se torció el tobillo derecho y se quedó tirado en el camino. Le pasó a unos diez kilómetros del acceso, en plena península de Quetrihué, una distancia que a pie suena corta pero que con un esguince y el terreno irregular que tiene ese circuito se vuelve una pesadilla.

El hombre, cuyo nombre no trascendió, no pudo dar un paso más. Sus compañeros dieron el alerta y, como suele pasar en estos casos, la primera pregunta de los rescatistas fue la de siempre: ¿por dónde lo sacamos? La respuesta, esta vez, fue por agua. El sendero tiene sus complicaciones, pero el lago Nahuel Huapi está ahí mismo, al costado, y embarcarlo era más rápido y menos riesgoso que cargarlo diez kilómetros por el monte.

Un operativo con varios nombres propios

  • Prefectura Naval Argentina
  • Personal de Parques Nacionales
  • Integrantes del Grupo de Rescate local
  • Agentes de la Dirección de Fauna

Me imagino la escena como si la hubiera visto desde la lancha: los efectivos llegan al punto donde está el turista, le revisan el tobillo, lo estabilizan, lo acomodan en la embarcación y arrancan rumbo al puerto de Bahía Mansa. Es casi como pasar el agua de una olla a otra sin que se derrame: hay que sostener firme al paciente para que el viaje no le juegue mal. Desde allí lo derivaron al hospital de Villa La Angostura para los estudios correspondientes. Todo terminó cerca de las cinco de la tarde, sin complicaciones, después de una hora y media de operativo.

El sendero al Bosque de los Arrayanes tiene unos doce kilómetros de extensión, va desde el sector de Bahía Mansa y el istmo hasta el corazón del bosque, y no es un paseo dominguero: tiene raíces, piedras sueltas y desniveles que, como me dijo una vez un guardaparque, son los mejores amigos del tobillo torcido. La Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi viene repitiendo lo mismo cada temporada: calzado adecuado, evaluación honesta de la condición física y planificación de los tiempos de marcha antes de que se acabe la luz del día.

Hay un dato que a mí me parece clave y que muchas veces se pasa por alto: el Registro de Trekking es obligatorio para entrar al circuito. No es un trámite caprichoso, es la herramienta que les permite a los rescatistas ubicar a los excursionistas cuando algo sale mal y coordinar la respuesta con la rapidez que este tipo de casos exige. De hecho, desde la intendencia reconocieron que en los últimos días hubo varias intervenciones por visitantes que subestimaron las exigencias del recorrido.

Así que la pregunta que me llevo a la cocina de mi casa, mientras hiervo el agua para el mate, es la misma de siempre antes de calzarse las botitas: ¿llevamos los datos del circuito, el equipo necesario y el registro firmado antes de salir a caminar por la montaña. Lo que en Villa La Angostura parece aventura se vuelve un problema serio cuando el cuerpo dice basta y el celular no tiene señal. La próxima investigación, seguramente, va a pasar por reforzar los controles en los accesos y por insistir con una advertencia que, por lo visto, todavía hay que repetir.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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