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Sábado, 3 de octubre de 2026
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25 horas y una cama en Villa La Angostura: la fórmula que reabre el debate sobre el trabajo a cambio de techo

Un proyecto de permacultura y bioconstrucción en la Patagonia recibe voluntarios a través de una plataforma global. La convocatoria promete alojamiento, desayuno y días libres, pero deja afuera pasajes, traslados y documentación. Desde el interior, la propuesta deja más preguntas que respuestas.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 2 h
25 horas y una cama en Villa La Angostura: la fórmula que reabre el debate sobre el trabajo a cambio de techo

Desde General Roca, Daniela me escribió para contarme que estaba cansada de escuchar propuestas laborales que suenan bien y terminan mal. Lo hizo después de toparse con un anuncio que circula en redes: una convocatoria en Villa La Angostura que ofrece alojamiento a cambio de 25 horas semanales de voluntariado. La idea la tentó, pero también la inquietó. Su pregunta fue simple: ¿de verdad esto es un intercambio o es trabajo encubierto que no se paga?

La oferta existe y se canaliza a través de la plataforma Worldpackers, donde un proyecto local de permacultura y bioconstrucción publica sus búsquedas. Según la convocatoria, el acuerdo incluye una cama en un dormitorio compartido, desayuno, uso gratuito de lavandería, bicicletas para moverse por la zona neuquina, acceso a espacios comunes y dos días libres por semana. A cambio, la persona seleccionada se compromete a realizar 25 horas semanales de tareas que pueden ir desde pintura y decoración hasta construcción, reparaciones, jardinería y mantenimiento general. La permanencia mínima prevista es de 14 noches, aunque la posibilidad de sumarse depende de los cupos disponibles, las necesidades del proyecto y la cantidad de postulantes.

Qué entra en el acuerdo y qué queda afuera

  • Incluido en el intercambio: alojamiento en habitación compartida, desayuno, lavandería sin cargo, bicicletas, espacios comunes y dos jornadas libres semanales.
  • A cargo del voluntario: pasajes, traslados dentro y fuera de la localidad, documentación personal y cualquier gasto no mencionado expresamente.
  • Requisitos para postular: crear un perfil en la plataforma, enviar la solicitud al anfitrión y contar con un conocimiento básico de español.
  • Modalidades aceptadas: personas que viajen solas, parejas o quienes quieran sumarse con un acompañante.

El perfil del anfitrión, tal como figura en la convocatoria, respalda la propuesta: acumula 15 años de experiencia en este tipo de iniciativas. Sin embargo, la letra chica del esquema no es menor. El trabajo se reparte entre distintos días y horarios, lo que deja margen para recorrer la zona, pero también exige disponibilidad real durante la semana. Para alguien que llega desde el interior del país, como Daniela, el cálculo es distinto al de un turista europeo con pasaje barato en la mochila. Los costos de traslado hasta la Patagonia suelen ser altos y, en muchos casos, terminaron siendo el verdadero cuello de botella en experiencias similares.

Este tipo de convocatorias suelen difundirse con un lenguaje amable, casi festivo, que habla de “comunidades”, “aprendizajes” y “vidas alternativas”. No está mal. El problema aparece cuando se las presenta como una salida laboral sin explicitar que detrás hay horas de trabajo concreto que, en el mercado formal, deberían ser remuneradas. En la Argentina, la Ley de Voluntariado Social 25.855 exige que la actividad sea gratuita, sin contraprestación económica, y deja en manos del Estado el control para que no se convierta en mano de obra disfrazada. En los papeles, la convocatoria parece moverse dentro de ese marco. En los hechos, la frontera se vuelve difusa cuando lo que se ofrece a cambio es nada menos que un techo y un plato de comida.

La experiencia puede terminar siendo enriquecedora o puede dejar a la persona con el sabor amargo de haber puesto el cuerpo para que un proyecto avance sin gastar un peso en personal. Los organizadores lo saben y, por eso, la plataforma les exige publicar condiciones claras. Lo que no se dice con la misma fuerza es cómo se resuelven los conflictos si las tareas superan lo pactado, si las condiciones de alojamiento cambian o si el voluntario decide irse antes. Tampoco queda claro qué pasa con la seguridad social, la ART o cualquier cobertura frente a un accidente mientras se trabaja en la obra. La convocatoria no lo menciona y la plataforma, en general, tampoco lo garantiza.

Mientras tanto, en el sur argentino sigue latiendo una pregunta que excede a Villa La Angostura: cuántos proyectos crecen a fuerza de voluntariados que reemplazan puestos de trabajo formales. El Estado Nacional no difundió hasta ahora ningún relevamiento sobre la cantidad de personas que se hospedan en el país bajo esta modalidad, ni tampoco aclaró cómo piensa controlar que no se transforme en competencia desleal para los trabajadores locales. La empresa detrás de la plataforma, en tanto, no respondió públicamente las consultas sobre los mecanismos de protección que ofrece a quienes cruzan fronteras para sumarse a estos proyectos. La brecha entre lo que se promete y lo que después se discute en el grupo de WhatsApp de los voluntarios, suele aparecer recién cuando ya se está con la pala en la mano.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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