La grasa que no se va: por qué el abdomen se resiste aun cuando uno hace las cosas bien
No es falta de voluntad ni de abdominales: la ciencia explica por qué la zona media del cuerpo responde distinto según la genética, las hormonas, el sueño y la forma en que se combinan la alimentación con el movimiento.
Lo vi esta semana en Mariana, una lectora de Neuquén que me escribió contando que entrena cuatro veces por semana y dejó los ultraprocesados, pero la panza no le cede. Su mensaje me quedó dando vueltas, porque detrás había una pregunta que muchos lectores me hacen desde el interior: si uno se esfuerza, ¿por qué el abdomen no acompaña? La respuesta no está en hacer más, sino en entender que el cuerpo no funciona por zonas, sino como un sistema.
Por qué el ejercicio localizado no alcanza
Los abdominales fortalecen el músculo, mejoran la postura y dan tonicidad, pero no le ordenan al organismo de qué lugar sacar la grasa que usa como combustible. La zona del abdomen acumula dos tipos de tejido: el subcutáneo, que está justo debajo de la piel, y el visceral, que envuelve los órganos internos y es el que más preocupa desde el punto de vista cardiológico y metabólico. Por eso es posible ganar firmeza y, aun así, no notar una reducción visible del volumen. La grasa visceral responde a variables que escapan al esfuerzo individual: la edad, la carga genética y los patrones hormonales. De ahí que dos personas con rutinas similares terminen con resultados distintos.
Y acá aparece una de las brechas menos discutidas: la que se abre entre regiones. Distintos relevamientos locales muestran que la prevalencia de sobrepeso y de adiposidad central es más alta en algunas provincias del norte y del centro del país que en la Ciudad de Buenos Aires y los grandes centros urbanos. No es un detalle menor: significa que, a igualdad de hábitos, el punto de partida y la respuesta fisiológica suelen ser distintos según dónde se vive.
El sueño como pieza clave
Hay otro factor que muchos subestiman y que la evidencia tomó en serio. Un estudio de Mayo Clinic comprobó que restringir el sueño se asoció con un aumento del 9 por ciento en el área adiposa total del abdomen y del 11 por ciento en la grasa visceral, comparado con condiciones controladas. Además, dormir menos altera las señales de hambre y saciedad, lo que vuelve más difícil sostener cualquier plan alimentario. En otras palabras: descansar bien no es un premio, es parte del tratamiento.
La combinación que sí muestra resultados
Un trabajo publicado en JAMA Network Open, que siguió a más de siete mil adultos durante un promedio de 7,2 años, encontró que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física al mismo tiempo se asocia con una menor acumulación de grasa visceral. El grupo que logró las mayores mejoras conjuntas terminó con 149 gramos menos de grasa visceral al final del seguimiento. Lo importante es la conjunción: cuando la mejora llega por un solo lado, el efecto se diluye.
- Alimentación y movimiento deben trabajarse en paralelo, no por separado.
- El descanso nocturno funciona como regulador hormonal y metabólico.
- Medir el progreso solo por el espejo suele distorsionar la evaluación.
- La circunferencia de cintura y la continuidad de los hábitos dan una lectura más completa.
- La genética y la edad modulan la respuesta, y eso no es un fracaso personal.
Mientras escribo esta nota pienso en todos los lectores que, como Mariana, sienten que están haciendo todo bien y el cuerpo les responde con silencio. No es un capricho metabólico ni falta de constancia: es biología. Y si algo queda claro del conjunto de la evidencia, es que medir el proceso por la foto del espejo termina siendo una trampa. La evolución de la fuerza, la regularidad de los hábitos y la cintura que entra un centímetro más en el pantalón cuentan una historia más justa de lo que está pasando adentro.
Lo que el cuerpo pide, en definitiva, es un enfoque integral. Y lo que la evidencia no se cansa de mostrar, aun cuando los gurús del fitness insistan con lo contrario, es que la grasa abdominal no se reduce a fuerza de voluntad ni de abdominales: se reduce cuando se la trata como lo que es, una cuestión de salud de largo plazo, no de estética de una semana.
