Amalia Amoedo abre las puertas de su mundo íntimo: la muestra de La Boca que no se ve todos los días
La coleccionista y mecenas presenta en Ungallery "entre Dos lunas", una exhibición con pinturas y videos conectados a sus recuerdos de infancia. Repaso de una figura central del circuito cultural porteño y de las instituciones que sostiene desde Uruguay hasta Puerto Madero.
Soy Malena Aguirre y quiero contarles algo que me atraviesa cada vez que aparece en escena alguien que viene del interior del país con un proyecto que se plantó en Buenos Aires. Esta vez la historia llega desde José Ignacio, pero el escenario está acá nomás, en La Boca, donde Amalia Amoedo, la coleccionista que todos conocen por su rol de mecenas, decidió mostrar por primera vez en mucho tiempo su propio trabajo como artista. La excusa se llama "entre Dos lunas" y se puede visitar hasta el 18 de octubre en Ungallery.
Amoedo no es una debutante. Lleva casi tres décadas coleccionando arte argentino y latinoamericano, preside la Fundación Ama Amoedo, integra los comités consultivos del MoMA de Nueva York, el Centre Pompidou de París y la Americas Society, y el año pasado fue declarada Personalidad Destacada de la Cultura por el gobierno porteño. Pero esta vez la protagonista no es la mecenas ni la gestora: es la autora de pinturas y videos que ella misma vincula con imágenes de su infancia.
Una carrera que se cruza con la historia del arte argentino
La primera obra de su colección la compró en 1996, cuando tenía 19 años: una pintura de Gachi Hasper que le regaló su hermano Alejandro Bengolea. Hoy esa colección privada supera las 800 piezas. En paralelo, Amoedo publicó en 2017 el libro de poesía "Cruz del sur" y exploró también la actuación y el canto, pero "entre Dos lunas" es una de las oportunidades concretas para ver su faceta plástica reunida en un mismo espacio.
- La muestra "entre Dos lunas" se presenta en Ungallery, en La Boca, hasta el 18 de octubre.
- Reúne pinturas y piezas de video vinculadas a recuerdos de infancia de la propia Amoedo.
- La artista preside la Fundación Ama Amoedo, que sostiene residencias en la Casa Neptuna de José Ignacio, Uruguay.
- Su colección privada suma más de 800 piezas de arte argentino y latinoamericano desde la primera compra, en 1996.
- Este año incorporó "Monitor Yin Yang", la instalación de Matías Duville que representa a la Argentina en la Bienal de Venecia.
- La Fundación colabora en la gestión de la Colección AMALITA, el museo de Puerto Madero.
- Integra los comités consultivos del MoMA, el Centre Pompidou y la Americas Society.
Una fundación que cruza fronteras
Desde el interior del circuito cultural, lo que más llama la atención es el alcance territorial del trabajo de Amoedo. Su fundación sostiene un programa de residencias artísticas en la Casa Neptuna, en José Ignacio, un edificio diseñado por el artista Edgardo Giménez que se convirtió en un punto de encuentro para creadores de toda la región. En Buenos Aires, la misma fundación participa en la gestión de la Colección AMALITA, el museo de Puerto Madero encargado por Amalia Lacroze de Fortabat y proyectado por el arquitecto Rafael Viñoly, donde actualmente se puede ver una muestra sobre la colección particular del curador Marcelo Pacheco.
La conexión con los territorios también se nota en la elección reciente de obras: este año la colección sumó "Monitor Yin Yang", la instalación de Matías Duville que representa a la Argentina en la Bienal de Venecia. Amoedo la describió como una pieza monumental y enormemente hermosa, un paisaje transitable hecho con sal y carbón que se destruye al cierre de cada exhibición y se vuelve a montar en cada nuevo espacio. Esa lógica efímera, que se pierde y se reconstruye, es tal vez la mejor metáfora de cómo trabaja esta mecenas: lo que importa no es acumular para siempre, sino generar encuentros.
Lo que el circuito no dice en voz alta
Hay un dato que me parece clave y que casi no aparece en las notas sobre esta muestra: en un circuito artístico argentino donde las brechas por región siguen siendo profundas, donde el acceso a propuestas de calidad todavía se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires, el desembarco de una exhibición con esta trayectoria en un barrio como La Boca no es un detalle menor. La Boca recibe público de toda la ciudad, pero también a visitantes que llegan desde el conurbano y desde el interior, y durante décadas quedó asociada a un circuito turístico más que al arte contemporáneo. Que Ungallery sostenga este tipo de programación habla de una decisión que ni el gobierno porteño ni los principales patrocinadores suelen explicar con claridad: cómo se eligen los barrios donde el arte contemporáneo de alto nivel decide instalarse.
También queda sin respuesta una pregunta incómoda para el sector cultural: si Amoedo integra los comités consultivos de tres de las instituciones más importantes del mundo y al mismo tiempo sostiene una fundación con residencias en Uruguay, ¿cuánto de ese capital simbólico vuelve efectivamente a los artistas argentinos que no tienen su apellido? La respuesta oficial siempre habla de colaboración y de programas. La práctica, mes a mes, suele ser menos visible. Mientras tanto, "entre Dos lunas" seguirá colgada en La Boca hasta el 18 de octubre esperando a quien se anime a entrar.
