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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Cuando un coágulo cambia todo: las señales que el cuerpo envía antes de una embolia

Dolor en la pantorrilla, hinchazón o calor local pueden ser la primera advertencia de una trombosis venosa. Reconocer los factores de riesgo y los síntomas de alerta es la diferencia entre llegar a tiempo a la consulta y terminar en una emergencia.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 1 h
Cuando un coágulo cambia todo: las señales que el cuerpo envía antes de una embolia

A Gloria le empezó un domingo por la tarde, en San Fernando del Valle de Catamarca. Sintió la pantorrilla derecha dura, caliente, como si le pesara el doble de lo normal. Pensó en el cansancio de la semana, se tomó un ibupirac y se sentó a ver televisión. A las cuarenta y ocho horas le costaba respirar. La internaron con una embolia pulmonar que, según le dijeron después los médicos, se había desprendido de una trombosis venosa profunda que venía formándose en silencio. Hoy lo cuenta para que nadie repita su error: el dolor en una pierna no se automedica, se consulta.

La tromboembolia venosa es un trastorno que aparece cuando se forma un coágulo en una vena profunda, casi siempre de las piernas. Si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que requiere atención de emergencia. En la Argentina, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte y, dentro de ese universo, los eventos tromboembólicos tienen un peso que suele subestimarse desde el interior del país, donde el diagnóstico llega más tarde y la cadena de derivaciones es más lenta.

Cuatro señales que el cuerpo manda antes de que sea tarde

Las cuatro pistas físicas que conviene aprender a leer, según el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco, son: dolor o sensibilidad en una pierna (sobre todo en pantorrilla o muslo), hinchazón en la zona afectada, cambios en el color de la piel (enrojecimiento, tono azulado o más oscuro de lo habitual) y sensación de calor localizada. Ninguna de estas señales confirma nada por sí sola, pero cualquiera de ellas justifica una consulta médica para descartarlo. Si a esos síntomas se suma dificultad respiratoria súbita, dolor en el pecho que se intensifica al respirar, tos con sangre o pérdida de conocimiento, la indicación es llamar a emergencias de inmediato, sin esperar.

Quiénes corren más riesgo y por qué

No todos los cuerpos enfrentan el mismo peligro. Tener un coágulo previo, cargar con antecedentes familiares o con condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar largos períodos sin moverse o convivir con diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer eleva la probabilidad de desarrollar uno. En las mujeres hay tres etapas donde el riesgo se modifica: el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno (que lo incrementa, aunque sigue siendo bajo para la mayoría), el embarazo y el posparto (donde el cuerpo activa mecanismos que favorecen la coagulación para evitar sangrados durante el parto) y la terapia hormonal para síntomas de la menopausia cuando incluye estrógeno.

Desde el interior, esta lista suele leerse con otra preocupación: el acceso. En provincias como Catamarca, La Rioja o Santiago del Estero, conseguir un estudio Doppler para descartar una trombosis puede demorar semanas, y la brecha entre quienes pueden pagarlo de manera particular y quienes dependen del sistema público se traduce, demasiadas veces, en diagnósticos tardíos. La inequidad regional no aparece en los manuales, pero pesa en cada historia clínica.

“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

Lo Monaco insistió en algo que suele quedar afuera de la conversación: los riesgos no son fijos a lo largo de la vida. El embarazo, los tratamientos hormonales, un viaje largo en micro, una cirugía, una internación prolongada o el simple hecho de envejecer pueden modificarlos. Por eso el consejo más adecuado varía según la historia clínica de cada persona y no admite recetas universales.

Hay un dato que el material de base deja abierto y que a mí, como lectora del interior, me incomoda: no se aclara qué cobertura concreta ofrecen las obras sociales y las prepagas argentinas para los estudios de detección en personas con factores de riesgo. Tampoco se precisa qué campañas públicas vigentes difunden estas señales de alerta fuera de las grandes ciudades. Mientras el Estado y los financiadores no digan qué hacen para que un dolor en la pantorrilla no termine en terapia intensiva, las cuatro pistas del doctor Lo Monaco van a seguir dependiendo, en buena parte del país, de que cada uno las aprenda por su cuenta. O, como en el caso de Gloria, por la cuenta que dejó la embolia.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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