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De Neuquén a Caracas con las cenizas de un venezolano: la cruzada personal de un voluntario de Cruz Roja

Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, cumplió el último deseo de Néstor Tovar Ibarra y luego viajó por su cuenta hasta Venezuela para sumarse como voluntario tras el terremoto. Una historia de duelo, distancia y decisión, atravesada por la fragilidad del sistema sanitario en el interior del país.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 15 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Esta historia empieza con el nombre de un solo hombre, Néstor Tovar Ibarra, un venezolano que vivía en la provincia de Neuquén y que un día se cayó y nunca más pudo levantarse. La caída le provocó una lesión medular que lo dejó paralítico y lo obligó a permanecer 416 días internado en el Hospital Provincial Neuquén, donde más adelante le diagnosticaron también un cáncer de próstata. Murió en esa ciudad, lejos de su país, sin poder regresar.

En esa sala de hospital lo acompañó, como pudo, la comunidad venezolana de la región y un grupo de voluntarios de Cruz Roja. Entre ellos estaba Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, que terminó haciéndose cargo de lo que el propio Néstor había pedido antes de morir: que sus cenizas llegaran hasta su hermano Adrián, que vive en Perú.

La misión que nadie le pidió pero que igual hizo

Lorente coordinó el traslado con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y llevó las cenizas hasta la familia. Terminado ese encargo, en lugar de volver a su casa, resolvió seguir viaje. Con fondos propios y el respaldo de su familia, se subió a otro avión y cruzó hasta Venezuela para ofrecerse como voluntario frente a los efectos del terremoto que golpeó al país. La decisión la tomó él, sin que mediara una misión oficial.

La propia Cruz Roja Argentina se encargó de aclararlo en un comunicado: no existe hoy un despliegue operativo de personal argentino en territorio venezolano. Sí hubo, en cambio, apoyo material y económico, y existen los mecanismos para activar un operativo si la situación lo llega a requerir. En otras palabras, lo que hizo Lorente fue por vocación y a título personal, no en representación formal de la filial que preside.

El país que encontró al llegar

En Caracas, Lorente recorrió edificaciones dañadas, estructuras colapsadas y zonas golpeadas por el sismo. Una noche, cerca de su alojamiento, dio con una plaza que tiene un gimnasio al aire libre abierto hasta la medianoche, gratuito y con un profesor presente. Como Lorente está ligado desde hace años al culturismo, se paró a charlar con ese profesor. La conversación se fue estirando y lo que empezó como un cruce deportivo se transformó en otra cosa.

El hombre le contó que había perdido familiares en el terremoto, que llevaba un largo distanciamiento con su madre de 73 años y que había un punto vinculado al sismo al que no había podido regresar por el peso emocional que le generaba. Lorente decidió quedarse a su lado. Quiere estar cuando intente el reencuentro con la madre y cuando se acerque a ese sitio al que no pudo llegar solo.

Lo que el Estado no dice y la empresa tampoco

La historia de Néstor Tovar Ibarra abre una pregunta incómoda que nadie en el material de origen responde: qué hace un paciente extranjero, sin red familiar en la zona, cuando queda paralítico en un hospital del interior argentino y termina muriendo allí, a miles de kilómetros de los suyos. La respuesta, en este caso, fue un voluntario de Cruz Roja que pagó el viaje de su bolsillo para llevar unas cenizas a Perú y después siguió hasta Venezuela con dinero propio.

Tampoco queda claro quién se hace cargo, en el día a día, del acompañamiento a personas en esa situación: ni la obra social, ni el sistema público, ni la empresa, ni el consulado aparecen en la historia con un rol concreto. Lo que sí aparece, en cambio, es el nombre de un solo hombre, Juan Diego Lorente, haciéndose cargo de lo que parecía no tener dueño. A veces la crónica más potente sobre el Estado no necesita estadísticas: alcanza con mirar qué tarea quedó en manos de un voluntario.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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