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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Después de la quimio, vuelve a soñar con ser padre: el primer trasplante de tejido testicular del Reino Unido reescribe la fertilidad masculina

Un joven de 19 años, que había guardado una muestra antes de un trasplante de médula ósea, recibió en agosto de 2026 el primer autotrasplante de tejido testicular realizado en suelo británico. Los médicos británicos confían en que dentro de ocho meses puedan confirmar si las células madre conservadas vuelven a fabricar espermatozoides. La técnica, todavía experimental, reabre un debate clave en Argentina sobre la cobertura obligatoria de la preservación de la fertilidad.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 1 h
Después de la quimio, vuelve a soñar con ser padre: el primer trasplante de tejido testicular del Reino Unido reescribe la fertilidad masculina

Soy Malena Aguirre, y esta historia me la imagino empezando por Bruno, un pibe de 19 años que vive en algún pueblo de Escocia y que el 21 de agosto del 2026 se prestó a una cirugía que, hasta donde se sabe, nunca se había hecho en el Reino Unido: le reimplantaron en su propio cuerpo un pedacito de tejido testicular que los médicos le habían guardado tres años antes, cuando todavía era un adolescente y le iban a tirar abajo la fertilidad con una quimioterapia feroz. Lo que buscan los autores del ensayo es crudo y enorme: que esas células, conservadas en frío mientras él enfrentaba un trasplante de médula ósea, despierten de nuevo y vuelvan a fabricar espermatozoides. Si funciona, lo que hoy es una hipótesis de laboratorio se convierte en una puerta abierta a la paternidad biológica para miles de varones que la quimioterapia les cerró en silencio.

La historia clínica de Bruno y por qué no había otra salida

A Bruno le diagnosticaron un trastorno sanguíneo grave y la única chance era un trasplante de médula ósea precedido por quimioterapia de altísimas dosis, un tratamiento que suele dejar a los varones sin producción de espermatozoides y, en muchos casos, sin vuelta atrás. En 2023, cuando todavía era un nene de 14 o 15 años, el equipo del NHS Lothian, el sistema público de salud de Escocia, le extrajo y criopreservó una muestra de tejido testicular. La idea era simple y a la vez revolucionaria: guardar las células madre espermatogoniales, que son las precursoras que a partir de la pubertad empiezan a fabricar espermatozoides, con la esperanza de reimplantarlas algún día. Tres años después, los análisis confirmaron lo que temían: Bruno no producía espermatozoides. Ahí fue cuando los médicos, junto con científicos de la Universidad de Edimburgo, decidieron probar. El procedimiento fue experimental, revisado por pares, y por ahora es único en el Reino Unido.

“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, cuya identidad se mantiene en reserva

Qué buscan los médicos cuando sacan el tejido a los ocho meses

  • Retirar y analizar una porción del tejido reimplantado para verificar si se reanudó la espermatogénesis, es decir, si hay espermatozoides en formación.
  • Confirmar que esos espermatozoides, si aparecen, sean aptos para una técnica de reproducción asistida.
  • Descartar de manera exhaustiva que el tejido reimplantado contenga células malignas, mediante histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares, un paso crítico en pacientes con antecedentes oncológicos.
  • Evaluar si la técnica es segura y repetible, requisito indispensable para pasar del ensayo aislado a un protocolo clínico abierto.

La pista belga y lo que todavía no se logró

La esperanza no sale de la nada. En Bélgica, un equipo médico publicó el antecedente más citado: un hombre de 27 años al que le habían congelado tejido testicular cuando tenía 10 años y que, 16 años después del reimplante, produjo espermatozoides maduros. Es la primera señal en humanos de que la estrategia puede funcionar. Pero falta el dato que más les importa a los pacientes y a los médicos: todavía no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese material. Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo británico, fue claro: la técnica debe demostrar que permite obtener espermatozoides y lograr embarazos de manera segura y reproducible antes de cantar victoria.

Argentina, el interior y la ley que reconoce un derecho que pocos ejercen

En Argentina, la Ley 26.862 incorpora al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos. Sobre el papel, la cobertura existe. En la práctica, el acceso sigue siendo profundamente desigual, y la brecha se nota con más crudeza desde el interior, donde conseguir un centro que criopreserve tejido testicular de un adolescente oncológico, lo guarde y después lo reimante sigue siendo una carrera de obstáculos. Mientras en Edimburgo un hospital público y una universidad estatal se animan a hacer un autotrasplante experimental, en buena parte de las provincias argentinas todavía ni siquiera se garantiza que un varón que va a recibir quimioterapia reciba, en tiempo y forma, la información sobre su derecho a preservar fertilidad. El Reino Unido acaba de poner en agenda global un debate que en la Argentina sigue pendiente.

Leo el comunicado de la Universidad de Edimburgo y me quedo con lo que no dijeron ni la casa de estudios ni el NHS Lothian: no hay todavía un plan público para ampliar el ensayo a otros pacientes, ni una estimación de cuándo esta técnica podría salir del laboratorio para convertirse en una opción accesible. Tampoco se pronunció ningún laboratorio privado británico sobre eventuales costos si el procedimiento, más adelante, deja de ser experimental. Son silencios que pesan, porque mientras la ciencia británica mira de cerca las células de Bruno, miles de adolescentes argentinos que hoy entran a una quimioterapia siguen guardando, en el mejor de los casos, sólo una carpeta con un derecho que el Estado les reconoció pero todavía no les garantiza.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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