Esos tres movimientos de gimnasio que te pasan la rodilla por encima y cómo arreglarlos antes de que sea tarde
Un estudio reciente en Arthritis Care & Research volvió a poner sobre la mesa algo que muchos ignoran en la sala de musculación: tener las piernas fuertes no alcanza si la técnica falla. Las claves para identificar los errores más comunes y corregirlos en casa o con un profesional.
Desde el interior, cada vez que acompaño a alguien al gimnasio me toca ver lo mismo: gente convencida de que mientras más pesolevante en la pierna, mejor le va a la rodilla. Luciana, una profesora de primaria de Catamarca que empezó a entrenar después de los cincuenta, llegó a la consulta convencida de que el dolor que sentía en la cara interna era «algo de la edad». No era la edad. Era un valgo de rodilla tan marcado que hasta en la caminata se notaba. La buena noticia es que, cuando se pone luz sobre el movimiento equivocado, casi todo tiene arreglo.
Fortalecer los músculos de las piernas no garantiza articulaciones sanas. Una investigación publicada en febrero de 2026 en Arthritis Care & Research siguió a 377 adultos con problemas de rodilla durante dieciocho meses y llegó a una conclusión incómoda para muchos: la masa muscular no protege la articulación si los movimientos se ejecutan mal. Esa idea, la de que «mientras más fuerte, mejor», empieza a quedar en evidencia con cifras concretas.
Los tres errores que más duelen
- Colapso de rodillas hacia adentro (valgo): aparece en sentadillas, zancadas y prensa de piernas y sobrecarga la articulación por encima de lo que está diseñada para soportar. Se corrige entrenando frente a un espejo, alineando siempre las rodillas con la punta de los pies y, si el problema persiste, consultando porque puede haber rigidez de tobillo o debilidad del glúteo medio.
- Rigidez de tobillo: cuando falta movilidad, la rodilla tiende a sobrepasar la línea de los dedos en la zancada y el tobillo gira hacia adentro, generando torsión en la tibia. Una prueba casera es apoyar la punta del pie a unos diez centímetros de la pared y tratar de tocarla con la rodilla sin despegar el talón. Quienes no llegan deben ampliar el paso y bajar el rango.
- Parar por completo al primer dolor: el reposo absoluto alivia un rato, pero debilita los tejidos de soporte y aumenta el riesgo de caídas por pérdida de fuerza. La salida es un plan de recuperación activa con estiramientos, rodillo de espuma, sentadillas isométricas en la pared y, si se puede, ejercicio en el agua.
En la Argentina, las brechas regionales pesan y mucho en este tema. En el NOA y en el NEA el acceso a un fisioterapeuta especializado es todavía irregular: los pacientes de ciudades como San Salvador de Jujuy, Resistencia o Santiago del Estero suelen recorrer cientos de kilómetros para una consulta, mientras que en Capital y el conurbano bonaerense la oferta de profesionales Kraft es amplia y, en muchos casos, cubierta por prepagas. Esa diferencia explica por qué un error que se corrige con un par de sesiones termina, en el interior, en una rodilla que se deteriora durante meses sin diagnóstico.
La entrenadora personal que consultó para esta nota insiste en un punto que a veces se olvida: si el dolor aparece, no se trata de «bajar la carga» y seguir igual, sino de revisar la mecánica completa. También recuerda que el calzado gastado —de más de un año de uso frecuente o con la suela deformada— cambia la pisada y empuja a la rodilla a compensar, algo que en los gimnasios del interior suele verse porque muchos asistentes rotan entre zapatillas de calle y de entrenamiento sin chequear el estado de la suela.
