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Sábado, 10 de octubre de 2026
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Imágenes falsas con inteligencia artificial que lastiman de verdad: la experiencia de alumnas de un colegio de Lomas de Zamora

Cuatro adolescentes son investigados por crear y distribuir material sexual manipulado con IA a partir de fotos de redes sociales. Las víctimas, sus familias y la comunidad educativa debaten ahora un daño psicológico que no se disuelve con saber que el contenido es inventado.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · · hace 1 h
Imágenes falsas con inteligencia artificial que lastiman de verdad: la experiencia de alumnas de un colegio de Lomas de Zamora

Lo que le pasó a Camila, una alumna de segundo año de un colegio secundario de Lomas de Zamora, resume una trampa nueva y todavía mal entendida por las familias argentinas. Un grupo de compañeros tomó fotos de su perfil público de Instagram, las metió en un programa de inteligencia artificial y obtuvo imágenes de desnudos que parecen reales. Después las repartieron por chats del curso. Camila lo supo, lo vio, y aunque repitió una y otra vez "ya sé que es mentira", la consecuencia no fue un dato técnico: fue vergüenza, angustia y una sensación de vulnerabilidad que todavía la acompaña.

"Aunque sé que es falso, me da vergüenza", le dijo ella a sus padres. La frase es de las adolescentes afectadas y condensa la paradoja central de este tipo de casos: la falsedad del material no anula el daño emocional en quien aparece. Desde el interior del aula y de los grupos de WhatsApp, la discusión que se abrió en Lomas de Zamora muestra que cuando la violencia entra por una pantalla, el botón de borrar no alcanza.

Qué pasó en el colegio y cómo se llegó a la Justicia

La causa se investiga como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), un encuadre que la Justicia argentino viene aplicando a las imágenes digitales de menores aunque no haya contacto físico. Cuatro alumnos quedaron bajo investigación y la Justicia ordenó allanamientos, el cese de hostigamiento y medidas para evitar el contacto entre las partes. Los adolescentes involucrados pasaron a la modalidad virtual mientras avanza el expediente.

Las víctimas relataron que se acercaron al colegio apenas descubrieron lo que estaba circulando, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía. Recién después, la dirección organizó jornadas de diálogo con los cursos. En paralelo, las propias alumnas convocaron a una protesta frente al establecimiento, a la que se sumaron familias y estudiantes de otros colegios. En las redes aparecieron luego testimonios de jóvenes de distintas provincias que dijeron haber atravesado situaciones parecidas, un dato que empieza a dibujar un patrón nacional.

  • Las fotos originales se obtuvieron de perfiles públicos en redes sociales, un recordatorio del riesgo concreto de lo que los adolescentes suben a Instagram o TikTok.
  • Las imágenes manipuladas circularon primero en grupos digitales del curso y hay indicios de difusión en plataformas de mensajería como WhatsApp y Telegram.
  • Las víctimas describieron asco, vergüenza y miedo ante la posibilidad de no saber hasta dónde llegó el material.
  • La Justicia trabaja con el encuadre de producción y distribución de MASI, que contempla penas de prisión aunque no haya abuso físico.
  • El caso reavivó la protesta estudiantil y abrió una conversación sobre los protocolos escolares frente a este tipo de hechos.

Camila tardó en contarles a sus padres. No quería que la miraran distinto, aunque sabía que las imágenes eran inventadas. Otra compañera resumió el miedo central: "Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo". Esa frase, escrita por una adolescente, es la que mejor describe la nueva frontera del daño digital: la duda permanente sobre el alcance.

Para dimensionar el fenómeno hay un dato que casi nunca aparece en los titulares pero que, leído desde el interior, cambia la mirada. En la Argentina la conectividad suele concentrarse en los grandes centros urbanos y, al mismo tiempo, los casos de grooming y difusión de material sexual de menores registran diferencias marcadas por provincia, con tasas más altas en distritos donde la educación digital llega tarde y los protocolos escolares son más débiles. La brecha regional importa porque es justamente en esos lugares donde cuesta más acceder a una respuesta rápida: menos gabinetes psicopedagógicos, menos articulación con la Justicia y menos campañas locales de prevención.

“Aunque sé que es falso, me da vergüenza.”Una de las alumnas afectadas, en diálogo con su familia

El caso de Lomas de Zamora dejó además un silencio que, como periodista, me parece importante señalar. Hasta ahora no hubo un comunicado público del Ministerio de Educación bonaerense que detalle qué protocolo se activó, cuántas escuelas recibieron capacitación específica sobre deepfakes ni qué recursos de acompañamiento psicológico se ofrecerán a largo plazo. Tampoco las plataformas desde las que se habrían difundido las imágenes difundieron qué herramientas de detección tienen activas para adultos y, sobre todo, para menores. Mientras la Justicia avanza sobre cuatro adolescentes concretos, el resto del Estado y las empresas todavía no dijeron cómo van a evitar que esto se repita en otro colegio del conurbano, del interior o de cualquier provincia.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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