Miércoles, 16 de septiembre de 2026
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La cámara como trinchera: Patricio Guzmán y el documental que puso a Allende contra la pared

Dividida en tres partes, "La batalla de Chile" sigue las tensiones del gobierno de Salvador Allende hasta el golpe que instaló a Pinochet. Un clásico del Tercer Cine que vuelve a estar en agenda.

Por Delfina IbarraGaming y cultura digital · 16 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Si alguna vez jugaste a un RTS y te quedaste mirando los menús en vez de mover las unidades, esto es para vos: un documental donde la estrategia está en la calle, no en la pantalla. "La batalla de Chile", de Patricio Guzmán, es una de esas piezas que el cine latinoamericano guardó como se guarda un manual de instrucciones para tiempos difíciles. Y ahora, otra vez, hay motivos para revisarla.

La obra reconstruye, en tres partes ("La insurrección de la burguesía", "El golpe de estado" y "El poder popular"), el camino que llevó del gobierno de Salvador Allende al golpe de Estado que instaló a Augusto Pinochet. Guzmán filmó lo que pasaba en el Parlamento y, sobre todo, lo que pasaba afuera: asambleas obreras, debates internos de la izquierda, escenas de violencia, discusiones de los trabajadores sobre cómo responder a la crisis.

Cine con compromiso

La película se inscribe en el Tercer Cine, esa corriente que buscó producir y expresar lejos de los intereses comerciales de Hollywood. Ahí, el documental deja de ser un registro neutro y se vuelve una herramienta para mirar un proceso histórico: combina recursos cinematográficos, periodísticos y explicativos, y monta distintas perspectivas del conflicto para que el espectador siga la pulseada en varias escalas, desde la banca de un senador hasta la fábrica tomada.

Lo que más me gusta, te lo confieso, es que Guzmán no elige bando con sermones: lo muestra. Las diferencias dentro de la izquierda, la presión de la burguesía, la organización popular, la intervención militar final. Todo queda filmado mientras sucede, casi como si la cámara fuera un cronista que se niega a irse cuando empieza a volar el humo. Por eso, aunque pasaron décadas, mirarla hoy se siente menos como una clase de historia y más como un espejo que devuelve una pregunta incómoda: qué nos interesa, realmente, encontrar en un documental sobre un proceso histórico. Vale la pena, y por goleada.

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Delfina IbarraGaming y cultura digital

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