La IA como aliada de los estudiantes: el punto medio que mejora las notas en ciencias según PISA
Un análisis del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes sobre más de 40 países revela que los alumnos que recurrieron a chatbots con moderación obtuvieron mejores puntuaciones en ciencias que quienes los usaron a diario o casi nunca.
Yo estaba sentada frente a la pantalla, con el mate de la tarde, cuando me crucé con este informe de PISA y no pude evitar pensar en cuántos docentes argentinos me habían comentado lo mismo en los últimos meses, esa sensación de que los pibes ya ni siquiera formulan la pregunta porque le preguntan directo a la máquina. La novedad ahora es que el dato dejó de ser intuición de aula y pasó a ser estadística pura: el 86 por ciento de los estudiantes de países que integran la OCDE usó chatbots de inteligencia artificial para al menos una tarea escolar durante el período relevado, y uno de cada cinco reconoció hacerlo de forma casi cotidiana.
Ahora bien, el dato más interesante del trabajo no es cuánto se usa la herramienta, sino cómo se usa. Los alumnos que recurrieron a la IA de manera moderada, sin convertirla en el paso inicial y automático de cada consigna, registraron puntuaciones promedio más altas en ciencias que dos grupos opuestos: los que casi nunca la usaron y los que la usaron prácticamente todos los días. La ventaja fue más clara en dos usos muy específicos, que funcionan como una especie de cuchillo suizo del estudio: resumir las lecturas asignadas e investigar un tema nuevo antes de meterse de lleno con él. Pienso en eso como la diferencia entre usar la licuadora para picar un ajo y pretender que cocine sola el estofado: la herramienta ayuda con una parte del proceso, pero no reemplaza el fuego lento.
Un círculo que se retroalimenta
El informe advierte sobre un mecanismo que se retroalimenta y que a mí me resultó de los más inquietantes: a menor capacidad de lectura crítica, más difícil resulta detectar cuándo una respuesta generada por IA es incompleta o directamente incorrecta, y al mismo tiempo delegar sistemáticamente las tareas de lectura, resumen o razonamiento en la herramienta reduce las oportunidades de desarrollar esas mismas habilidades. Es como pedirle a alguien que te ate los corderos para aprender a correr: el atajo te deja sin entrenamiento. El propio documento lo resume con una imagen muy clara: del mismo modo que no nos ponemos en forma mirando deportes sino practicándolos, el aprendizaje no se produce mediante el consumo de contenido sino como una lucha cognitiva productiva de la mente con material nuevo.
“El uso moderado e intencional de la IA para las tareas escolares y el aprendizaje puede estar relacionado positivamente con el rendimiento estudiantil.”Informe PISA de la OCDE
El panorama que describe PISA no es nuevo pero sí preocupante. El organismo viene registrando una caída sostenida en lectura, matemáticas y ciencias desde 2003, o sea más de veinte años, muy antes de que apareciera ChatGPT en las pantallas. Lo que sí aporta este trabajo es una pista concreta para mirar el fenómeno sin caer en la demonización ni en la euforia: la herramienta, como tantas veces nos pasa con la tecnología, no es buena ni mala en sí misma, sino que su efecto depende del propósito con el que se la lleve al aula. Para quienes quieran pensar la propia práctica, la lectura recomendada es esa: preguntarse, antes de abrir el chat, qué parte del problema uno está dispuesto a resolver solo.
- El 86 por ciento de los estudiantes de la OCDE usó chatbots de IA para al menos una tarea escolar, según PISA.
- Uno de cada cinco alumnos declaró usarlos de forma casi cotidiana.
- Los estudiantes que recurrieron a la IA con moderación obtuvieron mejores puntuaciones en ciencias que los de uso intensivo y los de uso nulo.
- Los usos más asociados a mejor rendimiento fueron resumir lecturas asignadas e investigar temas nuevos antes de profundizarlos.
- PISA registra una caída sostenida en lectura, matemáticas y ciencias desde 2003, anterior a la popularización de la IA generativa.
