La nueva movida: bares que regalan capacidad de cómputo a cambio de un café
Locales en varios países del mundo ya ofrecen acceso a modelos de inteligencia artificial mientras el cliente se queda trabajando con su notebook. La bebida es la llave de entrada a infraestructura que, afuera, sale cara.
Yo todavía no me termino de acostumbrar a esta idea, pero la verdad es que cada vez aparece en más lados: hay bares donde te sentás, pedís un café y, como si nada, te dan acceso a equipos capaces de correr modelos de inteligencia artificial. Es lo que cuentan desde varios países donde la propuesta ya funciona, y la lógica es bastante directa: el local pone la maquinaria, vos ponés la notebook y el consumo de una bebida.
La mecánica, si uno lo piensa, es parecida a la de un coworking, pero servida con un cortado. El cliente llega con su computadora, se conecta a la red del lugar — puede ser por WiFi, por cable o escaneando un código QR — y desde ahí empieza a usar la capacidad de cómputo del bar para programar, generar contenido o analizar información. Todo eso sin tener que pagar una suscripción o un servicio en la nube por su cuenta, al menos mientras dura la visita.
Qué se puede hacer y qué no
Acá viene lo importante: no todos los bares ofrecen lo mismo. En algunos el uso se mide por tokens, esos paquetitos de texto que consumen los modelos de IA cuando responden o procesan datos, y en otros directamente te dejan trabajar sin tope mientras sigas ocupando la silla. También varía el menú de herramientas: hay locales orientados a una sola aplicación y bares que prestan infraestructura más general, para que cada visitante la use como quiera.
- Programación y desarrollo de software con asistentes de IA.
- Generación de textos, imágenes o contenido para proyectos propios.
- Análisis de datos y experimentación con modelos de lenguaje.
- Investigación y pruebas para estudiantes, emprendedores y curiosos.
Pensándolo como inversión, mantener esto en pie no es barato. Hay que comprar las máquinas, pagar la luz y enfriarlas, porque estos equipos se calientan como horno encendido. Es un costo fijo que el bar absorbe a cambio de ofrecer algo más que WiFi y una mesa: ofrece potencia de cálculo servido en taza.
El formato ya se vio en Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania y China, según el relevamiento, y cada país lo adapta a su manera. Lo que me queda dando vueltas es la misma pregunta que se hace cualquiera que mira esto desde Argentina: ¿cuánto falta para que algún bar de Buenos Aires se anime a probar? Porque, a esta altura, la infraestructura es el nuevo wifi: lo que te lleva a elegir un lugar para sentarse a trabajar.
