Lazos que alargan la vida: por qué Boskis insiste en que la vejez se vive en compañía
El cardiólogo Mario Boskis repasó los pilares para envejecer con bienestar: vínculos activos, un propósito cotidiano y los cuidados preventivos frente a las infecciones respiratorias que azotan en invierno.
Lo conocí a Graciela en una plaza de Paraná, un martes de julio, cuando el frío se mete en los huesos y la mayoría prefiere quedarse en casa. Tiene 74 años, camina con bastón y todas las tardes se sienta en el mismo banco a esperar a sus amigas del barrio. Cuando alguna falta, la llaman por teléfono. Si la lluvia no da tregua, cambian la plaza por la casa de Marta, donde cocinan tortas fritas y miran fotos de los nietos. Graciela me lo dijo sin rodeos: "Mientras pueda juntarme con ellas, voy a seguir saliendo". Esa escena, que se repite en pueblos y ciudades del interior argentino, es la mejor ilustración de lo que el cardiólogo Mario Boskis buscó poner en valor: sostener vínculos y actividades en la vejez no es un capricho, sino un factor que puede inclinar la balanza hacia una vida más larga y mejor.
Boskins, un especialista de referencia en medicina cardiovascular, lo explicó en un repaso por los hábitos que marcan la diferencia después de los 60. El punto de partida fue directo: tener un propósito, conservar amistades y mantener la comunicación con la familia ayudan a evitar el aislamiento, un mal que golpea con más fuerza a los adultos mayores y que, según reconoció, suele subestimarse.
El "ikigai" y el sentido de seguir
El médico vinculó el propósito de vida con el concepto japonés de ikigai, esa idea que traduce la razón por la que una persona se levanta cada mañana con ganas. En sus palabras, conservar ocupaciones, amistades y diálogo con los seres queridos funciona como un escudo contra la soledad. La posibilidad de continuar con una actividad, aclaró, depende de lo que permita el cuerpo, pero la edad por sí sola no debería empujar a abandonar aquello que genera bienestar.
En el interior del país, donde la distancia entre las localidades y la dispersión de los servicios de salud hacen más difícil el acompañamiento profesional, esos lazos informales suelen ser el primer recurso —y a veces el único— frente al bajón anímico o la depresión. La diferencia entre un jubilado que integra un centro de día en Rafaela y otro que pasa los días frente al televisor en su casa de Goya puede medirse, también, en años de vida autónoma.
Los cuidados que no pueden faltar en invierno
Aclaro de entrada, porque a veces uno se deja llevar por el entusiasmo: una vida activa no significa tirar la precaución por la ventana. Boskis fue claro al advertir que el invierno combina dos factores riesgosos: mayor circulación de virus respiratorios y más tiempo compartido en ambientes cerrados, una mezcla que favorece los contagios. Estar en esos espacios con personas que cursan una infección aumenta las chances de enfermarse, y a esa edad las complicaciones pueden ser serias.
“Vacunarse no es un trámite más: es la herramienta más concreta que tenemos para que un encuentro con los nietos o una tarde de cartas con amigos no termine en una internación.”Mario Boskis
Lo que Boskis dejó sobre la mesa y vale la pena subrayar es un dato que el sistema de salud repite poco: la orientación sobre vacunas debe partir del médico de cabecera, que conoce los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente. Esa conversación, en consultorios muchas veces desbordados del interior, se vuelve una pieza clave. Y lo que el Estado y muchas obras sociales siguen sin explicar con claridad es cómo acceder de forma ágil a esas vacunas —gripe, neumonía y virus sincicial— en pueblos donde el centro de salud más cercano queda a decenas de kilómetros. Mientras esa respuesta no llegue, los Graciela del país seguirán protegiéndose con lo que tienen a mano: un banco en la plaza, unas amigas que llaman por teléfono y la convicción, terca, de que mientras haya con quién juntarse, vale la pena abrigarse y salir.
