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No hace falta irse lejos: las escapadas cortas también pueden mejorar la vida, según un estudio

Una investigación australiana relevó a más de 1.200 personas y concluyó que los viajes breves y cercanos, repetidos con frecuencia, pueden aportar bienestar psicológico, sobre todo entre quienes menos recursos tienen para enfrentar situaciones difíciles.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 21 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Soy Malena Aguirre y arranco esta nota con una pregunta que todos nos hicimos alguna vez: alcanza con una escapada corta para sentirse mejor. La respuesta, según un equipo de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, parece ser que sí, al menos para parte de la población estudiada.

El estudio, encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy, reunió datos de 1.220 turistas australianos en tres mediciones realizadas entre 2020 y 2023. Puso la lupa en cuatro variables: frecuencia de viajes recreativos, felicidad, capacidad de sobrellevar situaciones adversas y satisfacción general con la vida. La conclusión central fue que las salidas de ocio breves y cercanas al domicilio, cuando se hacen con cierta regularidad, se asocian con mejoras en el bienestar que se sostienen más allá de los días de descanso.

Quiénes se benefician más

El hallazgo más llamativo no fue general, sino segmentado. Quienes se percibían como más vulnerables o con menos herramientas para enfrentar situaciones difíciles fueron los más beneficiados por las escapadas frecuentes. En cambio, las personas que ya contaban con recursos de afrontamiento moderados o altos mostraron cambios más modestos. En otras palabras, donde el punto de partida es más bajo, el salto que puede dar un viaje corto parece más grande.

Desde el interior, esta pista sirve para mirar el mapa argentino con otros ojos. Las provincias donde el acceso a servicios de salud mental, recreación y esparcimiento suele ser más limitado son, justamente, las regiones donde la gente suele reportar mayor agotamiento y menor satisfacción con la vida. Si el patrón australiano se sostuviera, las escapadas cortas y cercanas podrían rendir más como herramienta de bienestar en esas zonas que en los grandes centros urbanos, donde ya hay más opciones gratuitas o cotidianas de ocio.

Qué dicen los autores y qué queda en el aire

Los autores se apoyaron en una línea de la psicología positiva que sostiene que las emociones agradables amplían las formas de pensar y de actuar, y ayudan a construir recursos personales duraderos. Mulcahy resumió la idea al destacar que conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades para ese proceso. Como salida práctica, propuso experiencias acompañadas, con guías, traslados y actividades al aire libre para principiantes, y mencionó senderismo, kayak y escalada de nivel básico como ejemplos posibles.

Actividades para empezar, según el estudio

  • Senderismo en circuitos cortos, con guías locales.
  • Kayak en lagunas, ríos o costas tranquilas, con instrucción previa.
  • Escalada de nivel básico, en muros de iniciación o escolleras.
  • Visitas guiadas a pueblos y reservas naturales cercanas.
  • Encuentros gastronómicos regionales o de productos de cercanía.

La aclaración importante es de dónde vienen los datos. Todos los participantes eran turistas australianos y el período analizado estuvo atravesado por las restricciones de la pandemia, dos condiciones que pueden haber moldeado tanto las respuestas como las ganas de viajar. Los propios autores plantearon que los resultados requieren investigaciones en otros países antes de extender las conclusiones, lo que deja afuera cualquier lectura automática para la realidad argentina.

Lo que el Estado o la empresa todavía no dijeron

Lo que el Estado no dijo es si piensa promover estas prácticas con políticas concretas. Salidas programadas a reservas naturales, acuerdos con operadores de turismo regional para tarifas accesibles en temporadas bajas, o licencias especiales para trabajadores que viven lejos de sus familias podrían ser parte de una estrategia de cuidado emocional que, según esta evidencia, ayudaría sobre todo a quienes menos recursos tienen. Y lo que las empresas aún no dijeron es si están dispuestas a reconocer el tiempo libre breve y repetido como parte de su política de bienestar, en lugar de seguir premiando solo las vacaciones largas y costosas. La evidencia australiana, con sus límites, les acaba de abrir una pregunta incómoda.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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