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Paulas cortas, cabeza fresca: por qué detenerse unos minutos puede cambiar la jornada

Caminar, estirarse, cerrar los ojos o recurrir a la técnica 5-4-3-2-1 son recursos simples para recuperar la concentración. Especialistas marcan los límites y recuerdan que estas prácticas no borran las causas del malestar.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 19 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Desde el interior, les cuento lo que aprendí en las últimas semanas mientras cubría una nota sobre bienestar laboral. En una pequeña redacción de Mendoza, Fernanda, de 34 años, me dijo algo que se me quedó grabado: llegó un punto de la mañana en que las palabras ya no salían. Se paró, se sirvió un vaso de agua y se quedó mirando un árbol por la ventana durante tres minutos. Volvió al teclado y, según me contó, pudo terminar la nota que tenía trabada desde el día anterior.

Esa escena, tan chica y a la vez tan común, resume lo que distintas voces consultadas por distintos portales vienen repitiendo: cuando cuesta sostener la atención y el cansancio empieza a pesar, una pausa breve puede ofrecer un respiro dentro de la jornada. No hace falta que tenga una duración fija ni que se convierta en otra obligación. Basta con apartarse de las notificaciones, quedarse unos minutos en silencio o cambiar de ambiente. La elección depende del tiempo disponible y de las preferencias de cada persona.

Anclar la cabeza en lo que pasa afuera

Para quienes quedan atrapados en pensamientos repetitivos, orientar la atención hacia el entorno es una alternativa concreta. La técnica 5-4-3-2-1 propone reconocer, en este orden, cinco elementos visibles, cuatro sensaciones de contacto, tres sonidos del ambiente, dos aromas y un sabor. Antes de empezar, se sugiere hacer una respiración pausada, sin forzar la entrada de aire. La psicóloga clínica Sari Chait explicó que concentrarse en esos estímulos puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque aclaró que no elimina su causa.

Lo que dice la evidencia sobre salir a caminar

Si hay oportunidad de salir, caminar también permite interrumpir las tareas. Una investigación evaluó a trabajadores que pasearon por un parque durante 15 minutos en el horario del almuerzo, a lo largo de diez jornadas laborales consecutivas. En esos días, los participantes reportaron menos fatiga y mayor concentración por la tarde. Quienes hicieron ejercicios de relajación también mostraron mejoras frente a sus pausas habituales. Los resultados no garantizan un efecto inmediato ni idéntico para todas las personas.

  • Estirar las piernas o hacer movimientos de movilidad dentro de la oficina.
  • Poner una canción y bailar un rato, aunque sea en el pasillo.
  • Compartir ese momento con alguien y charlar para cortar la rutina.
  • Llamar o escribir a una persona de confianza para desconectar un poco.
  • Cerrar los ojos entre 10 y 15 minutos, como propuso la neurocientífica Heidi Hanna para favorecer la recuperación.
“Mantener los ojos cerrados entre 10 y 15 minutos puede favorecer la recuperación. Ese intervalo debe ajustarse a las necesidades personales y no reemplaza el sueño adecuado.”Heidi Hanna, neurocientífica

Cuándo deja de alcanzar la pausa

El límite de estas prácticas aparece cuando el malestar continúa, aumenta o dificulta la vida cotidiana. La terapeuta Tyana Tavakol recomendó considerar una consulta si los intentos personales no alcanzan para recuperar el sueño, sostener el trabajo o cuidar los vínculos. Aquí aparece lo que el Estado y muchas empresas todavía no dijeron con la suficiente claridad: promover pausas y mindfulness en una capacitación interna no resuelve lo que pasa cuando la carga laboral es excesiva, los plazos son inalcanzables o los sueldos no alcanzan. Las pausas ayudan a la cabeza, pero no curan un trabajo mal organizado ni reemplazan la asistencia de un profesional cuando el estrés deja de ser un mal día y se vuelve una situación sostenida.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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