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Reconstruyeron el sistema nervioso entero de una mosca y lo usaron para jugar al Doom y mover una cartera de criptomonedas

Un mapa con 166.000 neuronas y 125 millones de conexiones permitió clasificar correos, controlar personajes y tomar decisiones financieras simuladas, aunque con menor precisión que una red neuronal convencional.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · 19 de septiembre de 2026 · hace 40 min

Te confieso algo: cuando terminé de leer el paper, me quedé pensando en cómo un puñado de células diminutas puede inspirar proyectos tan dispares como filtrar tu casilla de mail o manejar una cartera de criptomonedas. Yo estaba acá, en la redacción, con la pantalla llena de gráficos, y no podía dejar de comparar lo que tenía enfrente con algo mucho más cotidiano: el cableado de un enchufe múltiple, ese que va de la cocina hasta el living y que, si lo abrís, parece un nido de cables enredados. El MaleCNS v1.0, que así se llama la reconstrucción, viene a ser eso: un mapa completísimo de las conexiones que hacen funcionar el sistema nervioso de una mosca de la fruta, con sus 166.000 neuronas, unos 125 millones de sinapsis y cerca de 11.700 tipos celulares bien diferenciados.

Detrás del experimento hay nombres que vale la pena recordar: gente de Google Research, del HHMI Janelia Research Campus, de Harvard y de Princeton puso manos en el microscopio electrónico para reconstruir, corte por corte, el cerebro y el cordón nervioso de un solo macho adulto. Esa materia prima sirvió para algo que, visto en frío, suena casi de ciencia ficción: entrenar a esa red biológica simulada para que clasifique correos electrónicos.

Filtrar mails con neuronas de mosca

La prueba más concreta fue tan simple como reveladora: el modelo recibió una tanda de mensajes y tuvo que separarlos en categorías. El resultado fue aproximadamente el 80 por ciento de la precisión que consigue una red neuronal artificial pequeña pensada para esa misma tarea. No es un número menor si tenemos en cuenta que la red biológica nunca fue diseñada para eso: es como pedirle a la cuchara de madera de tu cocina que te sirva para atornillar una lamparita y que, aun así, cumpla bastante bien.

Doom, criptomonedas y otros usos inesperados

Alex Wormuth, el ingeniero que llevó el modelo al terreno lúdico, lo conectó con Doom: cada cuadro de la partida se transforma en estímulo sensorial para las neuronas simuladas, el brillo y el color viajan por la red y terminan convirtiéndose en movimientos del personaje. Cuando el protagonista recibe daño pero no muere, se activan células dopaminérgicas que funcionan como señal de castigo. Esa misma lógica de premio y castigo la volcó en Stonkfly, un proyecto que mira gráficos financieros y decide operaciones con criptomonedas dentro de una cartera virtual: las ganancias estimulan unas 15 células y las pérdidas, otras dos asociadas a respuestas aversivas.

  • Correos electrónicos: clasificación con cerca del 80 % de la precisión de una red neuronal artificial pequeña.
  • Doom: el ingeniero Alex Wormuth convirtió las imágenes del juego en estímulos para las neuronas sensoriales del modelo, con señales de refuerzo al recibir daño.
  • Stonkfly: cartera virtual de criptomonedas que opera según la actividad de células de recompensa y de castigo.
  • Super Mario 64, Beat Saber, salas de escape y creación de tipografías: otros usos explorados por desarrolladores independientes.

Toda esta movida, claro, hay que leerla con la calma que merece: los autores son los primeros en aclarar que estas simulaciones son más lentas y menos precisas que las redes artificiales diseñadas a medida para cada problema, y que todavía falta entender bien cómo se procesa la información dentro del conectoma. Lo que viene, según me imagino mientras escribo esto, es seguir afinando el mapa: agregar más simulaciones, sumar músculos y sentidos al modelo, y comprobar hasta dónde puede estirarse un cableado que, en apenas la cabeza de un insecto, guarda más de 125 millones de conexiones.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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