Señales cardíacas que las mujeres suelen pasar por alto: la advertencia de una especialista británica que también interpela a la Argentina
Una cardióloga del Hospital London Bridge explicó que el dolor de pecho no es la única alerta: molestias en brazos, mandíbula, indigestión o agotamiento pueden tener origen cardiovascular. El repaso por los síntomas que se repiten con el esfuerzo, los que requieren una guardia y la zona del país donde la brecha de género en la atención es más marcada.
Lo cuento desde el interior porque esto me llegó de la mano de Marta, una docente jubilada de Río Cuarto que durante meses atribuyó a los años y al estrés un cansancio que aparecía cada vez que subía las escaleras del consorcio. Hasta que un día, mientras tendía la cama, sintió un peso raro en la mandíbula y un sudor frío que no venía con ninguna comida pesada. La cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, acaba de ordenar en una entrevista lo que muchas mujeres argentinas sienten sin traducirlo en una consulta: el infarto y la angina no siempre avisan con el clásico dolor de pecho, y en el cuerpo femenino esas señales se disfrazan de indigestión, de menopausia o de agotamiento.
La regla de oro: si se repite con el esfuerzo, hay que consultar
Banerjee puso el foco en un patrón que sirve de brújula para no demorar la visita al médico. Cuando el dolor, el agotamiento o la falta de aire aparecen de manera reiterada durante un esfuerzo físico —subir escaleras, cargar bolsas, caminar rápido— y no tienen una explicación evidente, conviene pedir un control. El malestar puede ubicarse en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o en uno o ambos brazos, aunque no haya dolor torácico. La razón es anatómica: cuando el corazón recibe menos oxígeno del que necesita, manda señales dolorosas a la médula espinal, y como esas vías comparten conexiones con el cuello, los hombros y los brazos, el cerebro puede registrar la molestia en un hombro o en una muñeca en lugar del pecho.
Cuando la indigestión no es lo que parece
La especialista británica contó el caso de una paciente con episodios de eructos y malestar digestivo que terminó necesitando stents por una enfermedad coronaria grave, detectada con un angiograma. Su recomendación es concreta: si la acidez o la indigestión aparece sin relación con las comidas o en horarios poco habituales —por ejemplo, de madrugada— y se suma a otros signos como sudoración o fatiga, no conviene descartarla como un problema gástrico sin más estudios.
- Síntomas que se repiten al subir escaleras, caminar rápido o hacer tareas cotidianas.
- Malestar o dolor en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos, con o sin dolor de pecho.
- Acidez o indigestión que aparece sin causa digestiva clara, incluso de madrugada.
- Sudoración fría, náuseas, mareos o sensación de pánico combinados con dolor en el pecho.
Cuándo no queda otra que ir a una guardia
Banerjee fue clara: hay signos que no esperan un turno programado. Si los sudores fríos, las náuseas, los mareos o una sensación de pánico se acompañan de dolor o molestia en el pecho, la indicación es concurrir directamente a una guardia. También recordó que el dolor cardíaco puede sentirse como punzadas o pellizcos, y no solamente como la presión que aparece en las campañas de prevención. Esa variabilidad es una de las trampas que hace que las mujeres lleguen más tarde a la consulta.
La menopausia, el estrógeno y por qué Argentina no es ajena
La superposición con síntomas menopáusicos suele retrasar la consulta, algo que en la Argentina tiene un condimento regional que no se puede ignorar. La brecha en la atención cardiovascular de mujeres se ensancha hacia el norte y hacia la Patagonia, donde el acceso a cardiólogas y a estudios como el angiograma es más limitado que en la Ciudad de Buenos Aires o en la provincia de Buenos Aires. Banerjee sumó un dato fisiológico clave: después de la menopausia aumenta el riesgo cardiovascular porque la caída de estrógenos se asocia con cambios en la presión arterial, el colesterol y la acumulación de grasa abdominal. Por eso insistió en controles periódicos de presión y colesterol a partir de esa etapa, una indicación que en zonas con menos controles preventivos se vuelve todavía más urgente.
“Si se repite con el esfuerzo y no encuentra otra explicación, hay que pedir un estudio. Esperar a que aparezca el dolor de pecho clásico puede costar caro.”Shrilla Banerjee, cardióloga consultora del Hospital London Bridge
Lo que la cardióloga no dijo, pero que en la Argentina pesa, es qué hacer cuando esos síntomas aparecen en ciudades donde no hay un centro con hemodinamia disponible. La recomendación británica de ir directo a una guardia tropieza, en el interior profundo, con guardias que no siempre están equipadas para atender un infarto. Mientras el Estado y las prepagas no aclaren cómo se garantiza el traslado y la atención oportuna cuando la primera señal es una indigestión nocturna o un dolor en el brazo, la advertencia de Banerjee seguirá llegando tarde para muchas mujeres.
