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Viz.ai y la promesa de la inteligencia artificial en la sala de emergencias: lo que Bill Gates puso sobre la mesa

El cofundador de Microsoft repasó usos concretos en salud, agricultura y ciencia, y advirtió que el reparto desigual puede dejar a medio mundo afuera

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · 18 de septiembre de 2026 · hace 8 h

Esta semana me crucé, como cualquier lector curioso, con el último posteo de Bill Gates en su blog personal, y la verdad es que me quedé pensando un rato largo frente a la pantalla. No es habitual que alguien con su trayectoria se detenga a contar, con nombre y apellido, qué herramientas de inteligencia artificial ya están funcionando adentro de los hospitales. Y sin embargo eso fue lo que hizo: puso en el centro de la escena a Viz.ai, una plataforma que hoy corre en casi dos mil hospitales de Estados Unidos y cuya tarea es mirar estudios médicos para detectar accidentes cerebrovasculares y otras urgencias que no admiten demora. Si lo traducimos a algo de cocina, imaginen una espumadera que separa, en segundos, los fideos del agua hirviendo: la idea es que el sistema se quede con lo crítico y se lo avise al médico antes de que se pierda tiempo valioso.

Del consultorio al campo, pasando por el laboratorio

Gates no se quedó en el ejemplo del ACV. Reconoció que muchos centros chicos no tienen neurólogo de guardia, y por eso destacó cómo estas herramientas pueden sacarle peso al médico de atención primaria: sugerir diagnósticos, acompañar el seguimiento de pacientes afuera del consultorio y hasta traducir resultados de estudios o prospectos de medicamentos a un lenguaje entendible. También abrió la puerta a la salud mental, donde faltan consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones, un déficit que en la Argentina conocemos de cerca y que por estas latitudes se siente como un problema crónico.

Después, el cofundador de Microsoft giró la cabeza hacia el campo. En países de bajos ingresos, contó, hay productores que no llegan a un servicio meteorológico confiable ni a un técnico que les diga qué semilla conviene, cómo encarar una enfermedad del ganado o cómo mejorar el suelo. Para él, un asistente basado en inteligencia artificial puede ocupar ese lugar y ayudar a producir más comida en un planeta que suma bocas mientras el clima se vuelve más caprichoso. Ubicó a la agricultura detrás de la salud entre los sectores donde espera cambios rápidos en esas regiones, aunque lo presentó como una expectativa de desarrollo y no como una receta ya probada.

  • Viz.ai, la plataforma que Gates eligió como ejemplo y que ya se emplea en casi 2.000 hospitales estadounidenses para detectar accidentes cerebrovasculares y otras urgencias.
  • El uso potencial en salud mental, donde la falta de consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones abre lugar a herramientas automatizadas.
  • La aplicación agrícola en países de bajos ingresos, con asesoramiento sobre clima, semillas, sanidad vegetal y animal y manejo del suelo.
  • La investigación científica, donde la inteligencia artificial puede revisar grandes cantidades de publicaciones para encontrar patrones y guiar nuevos experimentos, desde tratamientos oncológicos hasta energía nuclear.

A mí lo que más me quedó dando vueltas es el tono con el que Gates cerró su mensaje, que es donde aparecen las preguntas incómodas. El propio fundador de Microsoft advierte que, si no se atiende la desigualdad de acceso, estos avances van a profundizar la brecha entre quienes pueden pagarlos y quienes no, y que también hay que mirar de frente el impacto sobre el empleo. Son advertencias que, viniendo de alguien que construyó buena parte de su fortuna en la industria tecnológica, suenan menos a gesto y más a reconocimiento de un riesgo real. Lo que sigue en la investigación, según dejó entrever, es justamente eso: discutir políticas públicas y modelos de financiamiento para que la inteligencia artificial no termine siendo un privilegio de pocos hospitales grandes o de unos pocos países.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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