Adiós al Solitario que venía en la compu: la historia de por qué Microsoft lo despegó de Windows
El Buscaminas, el FreeCell y el Pinball 3D fueron parte del sistema durante décadas. Hoy hay que ir a buscarlos aparte, y uno de ellos nunca más volvió. Una historia de licencias, errores de compatibilidad y decisiones empresariales.
Tengo la pantalla del escritorio todavía en la cabeza: el verde del tapiz de Windows 98, el reloj del sistema y, al lado, el icono del Solitario. Como le pasó a cualquiera que haya encendido una computadora argentina entre 1995 y 2010. Yo era chica cuando me asomé a esa pantalla por primera vez en lo de mi tía Marta, y todavía recuerdo la satisfacción de ganar la primera partida. Por eso me cuesta hacerme la idea de que ese juego ya no viene instalado: hoy, si querés el Solitario, el Buscaminas o el FreeCell, tenés que descargarlos aparte de la tienda de Windows, como cualquier aplicación. Y hay uno, el Pinball 3D, que directamente se perdió para siempre por un bug imposible de arreglar y una licencia que nunca contempló su regreso.
Cómo empezó todo y cómo se fue desarmando
Desde 1990, instalar Windows significaba tener al Solitario a mano. Dos años después se sumó el Buscaminas, y con el tiempo llegaron FreeCell, Corazones y otros clásicos. No eran un capricho: cuando Microsoft festejó los 30 años del Solitario, recordó que el juego tenía una función pedagógica concreta, enseñar a los usuarios a arrastrar y soltar cosas con el mouse, un gesto que a principios de los noventa todavía era una novedad para la mayoría. El catálogo creció hasta Windows Vista y 7, que agregaron Chess Titans, Mahjong Titans y Purble Place, presentados por la propia empresa en la feria CES de 2007 como parte integral del sistema.
El caso del Pinball 3D: un bug sin solución
El primero en caer fue el 3D Pinball: Space Cadet. El juego no lo había hecho Microsoft sino la empresa Cinematronics, publicado por Maxis en 1995 con el nombre Full Tilt! Pinball. Microsoft solo tenía una licencia para meterlo dentro de Windows y así estuvo desde el 95 hasta el XP. El problema apareció cuando el equipo de ingeniería empezó a pasar el sistema de 32 a 64 bits: en la nueva arquitectura la pelota atravesaba los objetos de la mesa como si fueran de cristal, el detector de colisiones había dejado de funcionar. Raymond Chen, ingeniero con más de tres décadas en Windows, lo contó en su blog: el código era de una empresa externa, tenía muy pocos comentarios y resultaba difícil de seguir. El equipo no encontró el origen del error y decidió directamente sacar el juego del producto. En una actualización de 2022, Chen sumó un dato curioso: el peor error había aparecido en una versión experimental para procesadores Alpha AXP y alguien lo había corregido después, aunque a nadie se le ocurrió avisarle que el juego había sido rehabilitado. Cuando el grupo Microsoft Garage quiso relanzarlo, el área legal les bajó el pulgar: la licencia con Cinematronics solo autorizaba incluir el juego dentro de Windows 95 y sus sucesores, nunca como aplicación aparte ni en una tienda.
Qué pasó después y dónde están hoy
Con Windows 8, Microsoft despegó a los clásicos del sistema operativo y los convirtió en aplicaciones opcionales que se descargan desde la tienda y, en muchos casos, muestran publicidad. El Solitario sigue siendo gratuito, pero tiene avisos; la versión sin publicidades se paga. Lo mismo pasa con FreeCell y Buscaminas. Chess Titans y Mahjong Titans, en cambio, quedaron directamente fuera de la tienda oficial y hoy solo se consiguen en sitios de terceros, con el riesgo que eso implica. Lo más irónico es que, pese a que el Pinball 3D desapareció del sistema, hay versiones no oficiales circulando en internet, como el proyecto Open Pinball, que intenta reconstruir la mesa a partir del código original. Ahora, lo que sigue abierto es la pregunta de si Microsoft volverá a relicenciar esos juegos para sumarlos de manera oficial a su tienda, o si la nostalgia del Solitario seguirá viviendo en una pantalla aparte, a un clic de distancia de quien lo quiera recuperar.
