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Chacagiales, ese invento barrial que ahora figura entre los 40 rincones más lindos del planeta

Un sector a caballo entre Chacarita y Colegiales, sin límites oficiales pero con identidad propia, se metió en el puesto 22 de un ranking internacional. Recorrido por sus calles, sus plazas y sus oficios de toda la vida.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · 16 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Estoy parada en la Plaza Mafalda, esa que tiene a la hija de Quino mirando al cielo con las piernas cruzadas, y recién ahí me cae la ficha: este pedazo de Buenos Aires, que no figura en ningún mapa oficial, acaba de quedar entre los cuarenta barrios más interesantes del mundo según un ranking de 2026. El sector, bautizado con el apodo callejero de Chacagiales por la juntura entre Chacarita y Colegiales, ocupa el puesto 22 de una lista que encabezan el barrio coreano de Jongno 3-ga, en Seúl, el moderno L’Ocean de la ciudad marroquí de Rabat y el multicultural Neos Kosmos, en Atenas.

Para quien nunca haya caminado por ahí, sirve aclararlo de entrada: Chacagiales no es un barrio con límites precisos ni con una comisaría propia. Es una denominación de uso informal, una etiqueta que los propios vecinos fueron pegando sobre el área donde Chacarita se va mezclando con Colegiales, casi como cuando en la cocina uno mezcla dos ingredientes hasta que ya no se sabe dónde termina uno y empieza el otro. Las dos referencias más útiles para ubicarse son, justamente, la Plaza Mafalda, inaugurada en el año 2000 y pensada como homenaje a los veinte años del personaje, y el Parque Ferroviario Colegiales, ese pulmón verde que se construyó sobre los antiguos terrenos del Ferrocarril Mitre y se terminó de abrir al público en 2023.

Qué miró el ranking para elegirlo

La selección internacional que puso a Chacagiales en el mapa evaluó cinco ejes: la oferta gastronómica, la vida nocturna, el comercio independiente, las condiciones para vivir y los llamados vínculos comunitarios. Lo curioso es que ninguno de esos factores depende de una avenida espectacular ni de un rascacielos con vista al río. Dependen, más bien, de lo que pasa adentro de las manzanas.

  • Gastronomía y bares que conviven con talleres mecánicos y casas bajas de toda la vida.
  • Comercio independiente y de proximidad, con negocios que llevan décadas en la misma vereda.
  • Vínculos comunitarios que se tejen en plazas, ferias y centros culturales barriales.
  • Escala residencial, con calles arboladas y veredas anchas típicas de Colegiales.
  • Vida nocturna asociada al perfil más joven y creativo que Chacarita viene empujando desde hace años.

Un paisaje que mezcla lo nuevo con lo de siempre

Cuando uno lo recorre, lo que ve es esa convivencia de la que habla el ranking. Hay depósitos que se reconvirtieron en estudios de diseño, oficinas creativas o galerías chicas, pero al doblar la esquina siguen funcionando talleres mecánicos, gomerías, casas de familia con enredaderas en la ochava y almacenes con el cartel pintado a mano. Las fachadas bajas de Colegiales y la cercanía del parque y de la plaza le dan al conjunto un aire amable, casi de pueblo, dentro de la enorme Buenos Aires.

Lo que sigue, según lo que se desprende del reconocimiento, es que la zona no va a cambiar de un día para el otro ni va a recibir un límite administrativo nuevo. Ni Chacarita ni Colegiales sumaron superficie oficial por estar en la lista. Lo que sí parece moverse es la atención: cada vez más curiosos, periodistas y operadores inmobiliarios van a querer pasar a conocer este rincón porteño que durante años fue de los vecinos y que ahora tiene un número, el 22, que lo puso en la conversación global. La pregunta que queda abierta es cómo hará este sector para absorber esa mirada extra sin perder la mezcla de oficios, vecinos y oficios creativos que es, justamente, lo que lo hizo visible.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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