Créditos otorgados por fintech y billeteras digitales: el 90% de los deudores en mora ya cuenta con un plan de refinanciamiento
Según un relevamiento del sector, alrededor de 2,4 millones de personas con préstamos de plataformas digitales registran algún grado de irregularidad crediticia. La Cámara Argentina Fintech expuso ante la Cámara de Diputados cómo se compone el costo financiero y por qué la tasa anualizada puede parecer elevada sin reflejar el desembolso real de un crédito de corto plazo.
De acuerdo con los datos difundidos por la Cámara Argentina Fintech ante la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados, la Argentina alcanza actualmente un universo cercano a los 21 millones de personas con acceso al crédito formal, una cifra inédita en el sistema financiero local. Dentro de ese total, 5,8 millones de individuos presentan algún grado de irregularidad crediticia. Entre ellos, 2,4 millones mantienen obligaciones con fintech o billeteras digitales, lo que equivale al 16% del total de créditos en mora de todo el sistema financiero argentino.
Frente a ese volumen de mora, la entidad informó que alrededor del 90% de los deudores vinculados a plataformas digitales ya se encuentra adherido a algún esquema de refinanciamiento, asistencia crediticia o alternativa de salida acordada con el prestamista. La estrategia, según explicó la Cámara, apunta a evitar que la deuda se acumule en forma de bola de nieve y, al mismo tiempo, permitir que las personas continúen construyendo un historial crediticio que les habilite el acceso a financiamiento en condiciones más favorables a futuro.
Estructura de fondeo y composición de las tasas
La Cámara Argentina Fintech también buscó desmitificar varias percepciones instaladas sobre el funcionamiento del sector. En primer lugar, aclaró que las fintech y las billeteras digitales no prestan fondos propios de sus usuarios, una práctica que se encuentra expresamente prohibida por el marco regulatorio vigente. En su lugar, estas plataformas toman líneas de crédito de entidades bancarias o financian su operatoria a través del mercado de capitales, para luego otorgar préstamos a personas que, en muchos casos, cuentan con poco o ningún historial crediticio previo y carecen de garantías tradicionales. Esa conjunción de mayor riesgo y fondeo más costoso se traslada, de manera directa, al precio final del crédito expresado en tasas nominales y efectivas.
El caso testigo del préstamo de $100.000 a 14 días
En su exposición, la entidad tomó como ejemplo un préstamo de $100.000 con un plazo de devolución de 14 días, uno de los formatos más frecuentes en el segmento. Para ese crédito, el pago al vencimiento alcanza los $109.000, compuestos por $7.400 en concepto de intereses y $1.600 de impuestos asociados a la operatoria. El costo financiero efectivo de la operación para ese período de dos semanas se ubica en el 9% sobre el monto original. Sin embargo, cuando esa misma tasa se proyecta a un año completo, las cifras se transforman en magnitudes muy distintas: la Tasa Nominal Anual (TNA) trepa al 194%, la Tasa Efectiva Anual (TEA) llega al 550% y el Costo Financiero Total Efectivo Anual (CFTEA) alcanza el 850%. Aclaración técnica incluida en la presentación: eso no significa que quien solicitó $100.000 termine devolviendo $950.000; lo que indica es que, si la operación se renovara de manera consecutiva durante todo un año, el costo acumulado se aproximaría a ese porcentaje.
Crédito regulado versus crédito informal
- El crédito regulado ofrece contratos formalizados, supervisión por parte de organismos competentes, derechos explícitos para el consumidor y canales formales de reclamo ante eventuales incumplimientos.
- El crédito informal, en cambio, puede dejar a las personas sin ninguna instancia de protección ni posibilidad cierta de recurrir ante abusos o errores en la liquidación de intereses.
- La diferencia en el costo final entre ambas modalidades suele ser sustancial, aun cuando las tasas aparentes se muestren como equivalentes a simple vista.
En síntesis, la presentación de la Cámara Argentina Fintech buscó aportar contexto técnico a un debate que suele centrarse exclusivamente en la altura de las tasas nominales. La entidad dejó planteada una distinción central: lo que paga efectivamente una persona por un crédito de corto plazo depende de la combinación entre el monto solicitado, los intereses aplicados, los cargos adicionales y el plazo de devolución, y no únicamente de la TNA o la TEA que se publicita como referencia.
