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Cuando el cansancio no alcanza para explicar el insomnio: la apnea que muchas mujeres todavía no identifican

El agotamiento diurno, el dolor de cabeza al despertar y las dificultades para dormir pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño, un trastorno que suele pasar inadvertido en mujeres porque no siempre ronca fuerte. Especialistas advierten que los cuestionarios y algunas pruebas domiciliarias pueden ser insuficientes para detectarlo.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 18 de septiembre de 2026 · hace 56 min

Desde el interior del país, donde los turnos con especialistas en sueño suelen demorar meses, María Laura, docente de 47 años en Río Gallegos, relata una historia que se repite en los consultorios: años de sentirse agotada al levantarse, con jaquecas matinales y la certeza de que algo andaba mal, sin que nadie lo vinculara con un trastorno respiratorio. "Me dijeron que era estrés, que eran los hijos, que era la menopausia. Nadie me preguntó si ronco", cuenta. Su caso no es aislado: hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas por apnea obstructiva del sueño podría estar sin diagnóstico, según una revisión reciente sobre el trastorno.

La apnea obstructiva del sueño consiste en interrupciones repetidas de la respiración durante la noche, provocadas por el estrechamiento o bloqueo de la garganta. Cada pausa reduce el oxígeno y desencadena microdespertares que el cerebro no siempre registra como recuerdos. El resultado, visto desde afuera, parece simple: cansancio. Visto desde adentro, es un problema que se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas.

Por qué cuesta más detectarla en mujeres

La brecha por región se nota en el acceso: mientras en centros urbanos como Buenos Aires o Córdoba existen laboratorios del sueño con estudios polisomnográficos, en provincias como Santiago del Estero, Catamarca o Formosa las derivaciones suelen derivar a centros privados con costos elevados o a hospitales de referencia a cientos de kilómetros. Esto convierte a los cuestionarios y a las pruebas domiciliarias en la primera línea de evaluación, con limitaciones que pesan más en la población femenina.

  • Hasta un 40 por ciento de las mujeres con apnea no presenta los síntomas clásicos, como ronquidos fuertes o ahogo nocturno.
  • Los cuestionarios basados en edad, peso y contorno del cuello tienden a identificar menos casos entre mujeres que entre varones.
  • Las pruebas hechas en el hogar pueden pasar por alto alteraciones que se concentran en la fase REM del sueño, más frecuente en el cuadro femenino.

Embarazo, menopausia y otras señales para mirar

El embarazo y la menopausia pueden aumentar el riesgo o empeorar un cuadro preexistente. Por eso, el abordaje debe coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño, y cualquier cirugía programada requiere que se informe al equipo médico. El tratamiento con CPAP, que mantiene abierta la vía aérea mediante presión, suele ser la indicación más extendida, aunque su utilización y la elección del dispositivo dependen de la evaluación individual.

Si el cansancio persiste después de un primer estudio sin alteraciones, la recomendación es insistir. Un resultado negativo inicial no descarta apnea, sobre todo en mujeres cuyos síntomas no encajan en el perfil clásico. El médico puede indicar un estudio nocturno en un centro especializado, donde se monitorean respiración, actividad cardíaca, movimientos y fases del sueño de manera simultánea.

“Me dijeron que era estrés, que eran los hijos, que era la menopausia. Nadie me preguntó si ronco.”María Laura, docente en Río Gallegos

Lo que el sistema de salud todavía no dice con claridad es a cuántas mujeres se les escapa el diagnóstico por confiar en señales equivocadas. Los protocolos de guardia suelen preguntar por ronquidos; pocas veces preguntan por dolor de cabeza al despertar, por somnolencia al volante o por la necesidad imperiosa de dormir la siesta a las cuatro de la tarde. Hasta que esa conversación clínica no cambie, María Laura y miles como ella seguirán despertando con la sensación de no haber descansado, sin un nombre que explique por qué.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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