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Después de los 60, el cuerpo se entrena en casa: tres movimientos que defienden la autonomía

Una rutina sencilla, sin pesas ni gimnasio, apunta a sostener la fuerza de piernas, brazos y abdomen en personas mayores. La propuesta de la entrenadora Denise Austin replica gestos del día a día y se vuelve clave cuando empezar a levantarse de una silla empieza a costar.

Por Malena AguirreTrabajo y educación digital · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Desde el interior, donde muchas veces la persona mayor vive sola o comparte casa con un familiar que trabaja todo el día, cualquier gesto cotidiano puede volverse una trampa. Levantar la bolsa del super, pararse del sillón sin empujarse con las manos, cruzar la calle antes de que cambie el semáforo: todo eso que a los cuarenta parece automático empieza, a los sesenta, a pedir un esfuerzo extra que no se nota hasta que un día el cuerpo avisa.

Por eso me llamó la atención una rutina breve, pensada para hacerse en el living con una silla o una mesa a mano. La firma Denise Austin, entrenadora con décadas de trayectoria en el mundo del fitness, y su lógica es tan concreta como útil: trabajar la fuerza y el equilibrio imitando los movimientos que usamos a diario, antes de que la pérdida muscular empiece a comerse la autonomía.

Los tres movimientos que propone la rutina

  • Toques de glúteo frente a una silla: pararse con los pies al ancho de las caderas, bajar como para sentarse con la espalda recta y los brazos al frente, rozar apenas el asiento y volver a levantarse. Trabaja piernas y glúteos, la base de la estabilidad, y se puede graduar desde apoyarse del todo hasta apenas tocar la silla.
  • Flexiones elevadas sobre una mesa, un banco firme o el brazo de un sofá: manos al ancho de los hombros, codos flexionados para acercar el pecho a la superficie y abdomen activo todo el tiempo. Refuerza pecho, hombros y brazos, claves para empujarse al levantarse o recuperar el equilibrio.
  • Vacío abdominal con abdominales en V sentado: recostado unos 45 grados, con los pies despegados del piso y las manos al costado de las caderas, se acercan las rodillas al pecho y se estiran las piernas hacia adelante. Se sugieren 20 repeticiones y sostener la posición final unos 20 segundos.

Lo que más me gusta de la propuesta es que no esconde la trampa detrás de la edad. La pérdida de fuerza y estabilidad no llega de un día para otro: se instala de a poco, en silencio, y muchas veces se hace visible cuando ya cuesta sentarse, levantarse o caminar sin pensar dónde se apoya el pie.

En la Argentina, la brecha entre regiones también se siente en este tema. Mientras en los grandes centros urbanos las personas mayores suelen acceder a gimnasios, kinesiólogos o centros de día, en muchas localidades del interior la oferta se reduce y la rutina termina haciéndose, o no haciéndose, puertas adentro. Por eso una propuesta que no necesita traslado ni equipamiento, y que replica gestos de la vida diaria, puede marcar la diferencia entre mantenerse independiente o empezar a depender de alguien para cosas que parecían simples.

Lo que el material no dice

La rutina es clara y está bien explicada, pero faltan dos datos que cualquier lector de entre 40 y 60 años debería tener a mano antes de empezar. La entrenadora no aclara si los movimientos son aptos para personas con problemas de rodillas, de hombros o de columna, ni cuántas veces por semana conviene repetirlos para ver resultados sostenidos. Tampoco menciona la necesidad de una entrada en calor previa ni la recomendación, clásica en cualquier programa para mayores, de hacer una consulta médica antes de empezar.

Como en tantas propuestas de bienestar que circulan en redes, el Estado y la propia empresa detrás del contenido difunden la rutina sin esas advertencias. Queda en cada uno, y sobre todo en cada familia del interior, decidir cómo adaptar estos ejercicios a la historia clínica real de los padres y abuelos que, muchas veces, son los primeros en decir que no les duele nada y los últimos en admitir que ya no pueden levantarse sin ayudarse con las manos.

MA
Malena AguirreTrabajo y educación digital

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