El mapa de la mente criminal que David Fincher dejó en pausa
Mindhunter no corre detrás de los asesinos. Se sienta frente a ellos. Y, dos décadas después, su retrato del surgimiento del perfilado criminal sigue siendo una experiencia incómoda yextraordinariamente precisa.
Si alguna vez jugaron al clásico juego del gato y el ratón, ya conocen la lógica de Mindhunter: Holden Ford y Bill Tench persiguen respuestas, no fugitivos. Los dos agentes del FBI viajan por Estados Unidos a finales de los años setenta para entrevistar a asesinos en serie convictos y detectar patrones que ayuden a anticipar otros crímenes.
La serie creada por David Fincher reúne 19 episodios en dos temporadas. No hubo tercera. Ford, interpretado por Jonathan Groff, y Tench, por Holt McCallany, forman un equipo improbable al que se suma Wendy Carr, una psicóloga interpretada por Anna Torv que aporta métodos más sistemáticos al trabajo de perfilado criminal.
El horror está en la conversación
Acá no hay persecuciones a toda velocidad ni exhibiciones de gore. La violencia aparece, sobre todo, en la calma con la que algunos presos describen sus actos. Ed Kemper, el Hijo de Sam y Charles Manson forman parte de los personajes basados en criminales reales. Las entrevistas se convierten en duelos psicológicos, y los silencios hacen más que cualquier sobresalto.
El resultado es un thriller contenido, riguroso en su reconstrucción histórica y muy astuto en el manejo de las expectativas. La relación entre sus tres protagonistas evoluciona con una consistencia poco común. Dos temporadas alcanzan para dejar una obra cerrada, perturbadora y, sí, todavía difícil de igualar en Netflix. Vale la pena: 9 puntos.
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