El US Open ya tiene finalista inesperados: Zverev, el estratega, y Shelton, el zurdo de Atlanta que quiere hacer ruido en casa
El alemán, número 2 del mundo, y el estadounidense de 23 años, sembrado noveno, se medirán el domingo en el Arthur Ashe por el título del último Grand Slam de la temporada.
Vi a Alexander Zverev terminar su trabajo en el Arthur Ashe con la misma calma con la que uno cierra la canilla después de llenar la pava: sin sobrar nada, sin dejar nada derramado. Le ganó a Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (7) y 7-6 (6), en sets corridos pero con dos desempates que tuvieron que sudar la gota gorda. El alemán, número 2 del ranking ATP, llegó a estar abajo en ambos tie-breaks y los remontó con la frialdad del que ya sabe lo que es levantar copas grandes: este año se consagró en Roland Garros y ahora va por su segundo Grand Slam.
Un Shelton que no para de crecer
Del otro lado de la llave, me tocó ver a Ben Shelton construir su clasificación como quien empieza una receta a fuego lento y termina subiendo la llama hasta que la sartén humea. Empezó abajo, perdiendo el primer set 4-6 frente a su amigo Frances Tiafoe, pero después le dio la vuelta con parciales de 6-3, 6-3 y 7-5, en algo más de tres horas. Con 23 años y un zurdazo que ya es marca registrada, el sembrado número 9 de Atlanta jugará su primera final de Grand Slam y lo hará en casa, con todo el público a favor.
- Zverev disputó finales de Grand Slam en las tres superficies esta temporada: polvo de ladrillo (ganó Roland Garros), pasto (Wimbledon) y cemento (US Open). Pocos en la era abierta habían firmado esa trilogía en un mismo año.
- La última vez que Zverev había jugado una final en Flushing Meadows fue en 2020, cuando cayó ante Dominic Thiem.
- Shelton, en su primera definición de un major, intentará ser el primer estadounidense en levantar el US Open masculino desde hace más de dos décadas; el último fue Andy Roddick en 2003.
- El domingo se enfrentan en el estadio Arthur Ashe, el escenario más grande del circuito, sobre cemento.
Qué se viene
La final del domingo es un cruce de estilos que tiene todos los condimentos para quedar en el recuerdo: la lectura táctica y la consistencia de Zverev contra la potencia de servicio y la energía desatada de Shelton. Mientras el alemán busca cerrar el año con otro título grande, el estadounidense quiere convertir el cemento neoyorquino en su trampolín. Lo que sigue en la investigación del circuito es ver si el factor cancha pesa de verdad, y si la nueva generación de norteamericanos ya está lista para romper la sequía local.
