Lunes, 7 de septiembre de 2026
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Floridi, el filósofo que le pone nombre a lo que la IA hace sin entender

El italiano que dirige el centro de ética digital de Yale sostiene que la inteligencia artificial no piensa: actúa, produce efectos y basta. La salida, dice, no es frenarla sino integrarla con juicio propio.

Por Julia MartinelliCiencia y espacio · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A Luciano lo conocí de lectura, hace ya varios años, cuando empezó a circular por las facultades su idea de que internet no era un canal de comunicación más sino un entorno nuevo donde la humanidad iba a vivir, algo que bautizó como infosfera. Recuerdo que la imagen me resonó mientras tomaba un mate en la cocina: si la red es una habitación, entonces todos vivimos adentro de ella, y los aparatos que llevamos en el bolsillo son las llaves de esa habitación. A partir de ahí, el filósofo italiano que hoy dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale fue tejiendo un aparato conceptual que ahora aplica a la inteligencia artificial.

Su diagnóstico es filoso y lo repite cada vez que puede: la IA no piensa. No comprende, no tiene mente ni conciencia. Actúa, se comporta, produce efectos reales sin entender nada de lo que hace. Lo que existe, dice Floridi, es agencia artificial: sistemas que hacen cosas por nosotros, en lugar de nosotros, y a veces mejor que nosotros. Esa distinción cambia la pregunta central del debate. Si la IA fuera inteligente, lo que discutiríamos sería si puede superarnos. Como es agencia sin comprensión, lo que corresponde es discutir cómo la usamos sin perder el rumbo.

La cuarta revolución

Floridi ubica este momento como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. La primera fue Copérnico, que corrió a la Tierra del centro del universo. La segunda, Darwin, que sacó a la especie humana del centro del reino animal. La tercera, Freud, que mostró que ni siquiera somos dueños de nuestra propia mente. La cuarta es la de Alan Turing: ya no somos el centro de la esfera de la información. Para el filósofo, esa pérdida de centralidad no es una derrota sino una señal de madurez: una humanidad adulta se piensa al servicio de los demás, del ambiente y de las generaciones que vienen, no como protagonista absoluta del universo.

“No es que el centro sea la tecnología. El punto es que una humanidad más madura se concibe al servicio de su prójimo, del medio ambiente y de las generaciones futuras.”Luciano Floridi

La consecuencia práctica es directa: no tiene sentido reclamar que se frene la inteligencia artificial. Lo que sirve, insiste, es entender qué es, sumarla con criterio y no ceder el juicio propio. El campo que él mismo fundó en los años noventa, la filosofía de la información, nació justamente para ese vacío: la mayoría de las disciplinas usaban la información como herramienta sin estudiarla como objeto. Ahora ese andamiaje conceptual vuelve al centro de la escena, y se nota. Lo que sigue en la agenda de Floridi y su equipo en Yale es llevar ese marco a las aulas, a los reguladores y a las empresas, para que la integración de la IA no se haga a los tumbos sino con la brújula prendida.

JM
Julia MartinelliCiencia y espacio

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